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La ONU condena a los palestinos al actual statu quo

Israel

La zona seguirá siendo un hervidero (Google Maps)

Naciones Unidas rechaza el plan de paz presentado por Donald Trump para solucionar el conflicto palestino-israelí

Tercer día consecutivo de intercambio de proyectiles entre Gaza e Israel

El conflicto palestino-israelí seguirá existiendo por los siglos de los siglos al igual que la hambruna africana.

Es la única conclusión, por dura que parezca, a la que se llega después de conocer que la Organización de las Nacionales Unidas (ONU) ha despreciado el plan de paz que el martes presentó el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

El plan, el primero desde 1967 que va acompañado de un mapa con líneas fronterizas, contempla la división del futuro Estado palestino y el control de sus fronteras por parte de Israel, que cedería parte de Cisjordania a cambio de mantener los territorios ocupados.

Para el relator especial de la ONU encargado de los derechos humanos en territorio palestino, Michael Lynk, el llamado “Acuerdo del Siglo” es desequilibrado. Tanto, que insta a la comunidad internacional a condenar abiertamente la aprobación del plan que permitiría que Israel se anexionara parte del territorio palestino.

Desde que se hizo público el plan de paz ha repuntado la tensión en la franja de Gaza, donde las milicias palestinas llevan tres días lanzando proyectiles contra Israel, que responde con bombardeos contra objetivos del movimiento islamista Hamás, que gobierna de facto el enclave desde 2007.

Con la postura ondeada por la ONU lo normal es que la la situación siga «escalando», como les gusta decir a los analistas políticos internacionales. Por el momento no se han registrado víctimas mortales en ningún bando aunque el lanzamiento de cohetes hacia Israel, que intercepta algunos, es continuo.

Lynk afirma que el plan de Trump “ofrece una solución de un Estado y medio». «Este estado Potemkin (fachada), que carece de la mayoría de las atribuciones de soberanía comúnmente entendidas más allá del derecho a enarbolar su bandera y emitir sellos, se convertiría en una entidad completamente nueva en los anales de la ciencia política moderna”, desprecia el relator independiente.

Lynk destaca que la propuesta de Trump «no presenta una fórmula para una paz justa y verdadera, sino la creación de un Bantustán (un territorio reservado para los habitantes no blancos de Sudáfrica y el suroeste de África como parte de la política de apartheid) del siglo XXI en el Medio Oriente.

Añade que el pequeño Estado palestino resultante sería “como un islote disperso de territorio no contiguo completamente rodeado por Israel, sin fronteras exteriores, sin control sobre su espacio aéreo, sin derecho a un ejército para defender su seguridad, sin base geográfica para una economía viable, sin libertad de movimiento y sin capacidad para quejarse ante foros judiciales internacionales contra Israel o los Estados Unidos”. Palestina es desde 2015, cuando firmó el Tratado de Roma, el Estado numero 123 de la Corte Penal Internacional. Y desde unos años antes, en concreto desde 2012, es Estado observador no miembro de las Naciones Unidas.

El experto independiente ha mostrado su preocupación por el hecho de que el plan desecharía prácticamente “todos los grandes principios del derecho internacional que rigen el conflicto israelo-palestino” y que “daría un giro al orden internacional reglamentado y consolidaría de forma permanente el trágico sometimiento de los palestinos que ya existe sobre el terreno».

Según Lynk, permitir a Israel la anexión del 30% de Cisjordania “está estrictamente prohibido por el derecho internacional, comenzando por la Carta de las Naciones Unidas de 1945”. «Desde 1967, el Consejo de Seguridad ha proclamado este principio fundamental en ocho ocasiones respecto a la ocupación israelí, la última en diciembre de 2016, cuando reafirmó ‘la inadmisibilidad de la adquisición de territorio por la fuerza'», insiste.

En su informe, insta a la comunidad internacional a condenar abiertamente el plan que permitiría que Israel se anexionara parte del territorio palestino. Al respecto, Lynk deplora la propuesta de legalizar los 240 asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén oriental. «El derecho internacional prohíbe expresamente el traslado de la población civil de una potencia ocupante. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha condenado los asentamientos israelíes como una violación flagrante del derecho internacional y el Estatuto de Roma de 1998 los ha considerado como supuestos crímenes de guerra», incide.

Del mismo modo, califica de “evasión” de los principios internacionales, la propuesta de “abolir unilateralmente el derecho ampliamente reconocido de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares en Israel si así lo desean”, y además “de anular cualquier obligación de Israel de compensar a estos refugiados por sus pérdidas materiales y morales”.

Así las cosas, este conflicto en Oriente Medio continuará y los palestinos seguirán viviendo tan mal o peor que hasta ahora. Mientras, la ONU podrá seguir buscando soluciones mejores. Como si alguien cree que es razonable pensar que los judíos van a abandonar los territorios ocupados o van a dejar la defensa de sus fronteras en manos de quien quiere la destrucción de su pueblo. En febrero de 2017 Netanyahu enumeró las condiciones para la creación de un Estado palestino.

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