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El acuerdo de libre comercio UE-EEUU echa a andar en la cumbre del G-8

Obama y Putin

Obama y Putin no alivian la guerra en Siria (cbc)

Siria se encalla entre Obama y Putin

El presidente de EEUU, Barack Obama, y los representantes de la Unión Europea han aprovechado la cumbre del G-8 para anunciar el inicio formal de las negociaciones para la firma de un acuerdo de libre comercio UE-EEUU. «Este tratado demostrará que el Atlántico no es el pasado sino el futuro», dijo el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy. «Es una oportunidad de profundizar nuestras relaciones comerciales y crear puestos de trabajo», declaró el Barack Obama.

La importancia de este acuerdo es máxima ya que podría dar un giro de 180 grados a las relaciones comerciales mundiales y podría afectar seriamente a los flujos mercantiles internacionales. Las calidades de los productos y las especificaciones técnicas obligatorias son las principales señas de identidad de las manufacturas de ambos territorios, lo que podría originar una confianza en el consumidor que no encuentra en productos llegados del sur de América o de Asia.

La UE y EEUU representan el 40% de la producción económica mundial y su relación económica bilateral es ya la mayor del mundo. El objetivo de este ambicioso acuerdo transatlántico es liberalizar el comercio y la inversión entre las dos partes.

Según un informe publicado por la Comisión Europea, el acuerdo final podría incrementar las exportaciones de la UE a EEUU en un 28%, lo que supondría unos ingresos adicionales de 187.000 millones de euros al año para los exportadores de bienes y servicios. Los consumidores también se beneficiarían: por ejemplo, el Acuerdo permitiría un aumento medio de 545 euros al año en la renta disponible para las familias de cuatro miembros residentes en la UE.

La Unión Europea y los Estados Unidos pondrán su mirada en algo más que la supresión de unos aranceles que, de hecho, ya son bastante bajos (solo 4 % de media). En realidad, los principales obstáculos al comercio se encuentran «detrás de la frontera» en la reglamentación, las barreras no arancelarias y la burocracia. Se estima que el 80% de los beneficios potenciales globales de este Acuerdo procederá de la reducción de los costes que generan la burocracia y la reglamentación, así como de la liberalización del comercio de servicios y de la contratación pública.

Por otro lado, los líderes del G-8 aseguraron que las perspectivas para la economía mundial siguen siendo débiles, incluso cuando los riesgos a la baja se han reducido por las medidas adoptadas en EEUU, la Eurozona y Japón.

En cuanto a la agenda de la reunión celebrada en Irlanda del Norte, las revelaciones sobre el espionaje masivo de EEUU y Reino Unido y una posible intervención en Siria fueron temas destacados del G-8. El domingo The Guardian publicaba una información a partir de documentos obtenidos a través de Edward Snowden, ex analista de la CIA que huyó a Hong Kong tras denunciar el espionaje de EEUU, y según los cuales los británicos habrían pinchado móviles y ordenadores de delegaciones de Turquía y Sudáfrica durante las cumbres del G-20, e interceptaron llamadas del entonces presidente ruso, Dmitri Medvédev.

El Gobierno turco pidió una «explicación oficial y satisfactoria» al Reino Unido y aseguró que si existe la «mínima verdad» en las alegaciones se trataría de un «escándalo». El Ejecutivo de Sudáfrica pidió a Londres que «investigue este asunto de forma completa para tomar acciones visibles contra los responsables». Mientras, Rusia, cuyas relaciones con EEUU y Gran Bretaña no pasan por un buen momento debido al conflicto de Siria, optó por la prudencia, aunque el presidente de la comisión de Exteriores de la Cámara baja del Parlamento ruso, Alexey Pushkov, tildó el asunto de «escándalo» y de «completo fraude».

Por otro lado, el presidente ruso, Vladimir Putin, llegó a la cumbre del G-8 con una posición de total rechazo a la intención de occidente de implicarse más en apoyo de los rebeldes sirios. El primer ministro británico, David Cameron, reconoció que «existe claramente una gran diferencia entre la posición de Rusia y la del Reino Unido, Francia, EEUU y otros». El presidente ruso, Vladimir Putin, mantuvo ayer un encuentro con el presidente estadounidense, Barack Obama. Obama dijo que había hablado con Putin sobre la tragedia que se vive en Siria y señaló que habían compartido que «hay que reforzar la cooperación», mientras que Putin apuntó que ambos coinciden en «querer para la violencia».

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