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La pobreza se extiende por España

AROPE 2021

No puede ser que tener hijos en España empobrezca…

Según el informe El Estado de la pobreza elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social

En el año 2020, un total de 12,5 millones de personas, es decir, el 26,4% de la población española, estaban en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Con un aumento de más de un punto porcentual con respecto a 2019, la cifra supone el fin de la tendencia descendente de los cinco años anteriores.

En términos absolutos y combinado con el aumento de población, el incremento de la tasa implica que 620.000 personas más entraron en riesgo de pobreza o exclusión social ese año.

El 21% de la población española, es decir, casi 10 millones de personas (9.925.338), están en riesgo de pobreza. La cifra supone un incremento de 3 décimas con respecto a los datos del año pasado, y un aumento de casi 230.000 personas.

Según el informe El Estado de la pobreza elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), en España se ha producido un incremento inédito y veloz en la tasa de privación material severa, que se ha incrementado en un 49% (pasa desde el 4,7 % hasta el 7 %).

Y lo que es aún más desalentador, tener hijos en España se ha convertido en un importante factor de riesgo de pobreza y/o exclusión: porque, como puede verse en el gráfico que acompaña esta información, todos los hogares en los que viven niños y adolescentes tiene tasas más altas en los principales indicadores de pobreza que aquellos donde solamente hay adultos. Y esto no es una cuestión coyuntural, ojo.

En 2020, unos 3,3 millones de personas (el 7% de la población española) vivían con privación material severa. El extraordinario incremento de ese año, producto del virus chino, empuja a 1,1 millones de nuevas personas a padecer privación material severa.

Por otra parte, debe destacarse que en el año 2019, después de cinco años de recuperación y sin el efecto del COVID-19, la tasa de privación material severa era todavía un 30% más elevada que la del año 2008. Se trata de 1,1 puntos porcentuales más, es decir, 600.000 personas que nunca recuperaron su calidad de vida previa a la crisis.

Respecto a la crisis financiera de 2008, en 2020 la renta media por persona ya se había elevado un 15% por encima de la que tenía en el año 2008 (1.555 € más). Sin embargo, la renta media que corresponde al 10% con menos renta de la población, todavía está 13 € por debajo; además, los cinco indicadores principales de pobreza y vulnerabilidad, AROPE, tasa de pobreza, PMS, BITH y pobreza severa mantienen aún cifras superiores.

Entre las comunidades autónomas pasa lo mismo y, por ejemplo, la diferencia de renta media por unidad de consumo más alta entre las 17 autonomías se incrementó en 1.902 € entre 2010 y 2020 (1.478 € entre 2008 y 2020). Con respecto a la crisis derivada del COVID-19, las cifras de privación material severa que se conocen son mucho más elevadas entre las niñas, niños y adolescentes, la población adulta joven, los hogares con hijos, los hogares monoparentales, la población extranjera y, especialmente, entre la población pobre y la que no lo es.

Sólo Castilla-La Mancha y Aragón han conseguido reducir su privación material severa este año y, entre el resto, las consecuencias socioeconómicas de la pandemia han doblado sobradamente las cifras en Cantabria, Canarias, Illes Balears, Comunidad Valenciana y Navarra.

Las diferencias con respecto a Europa tanto en desigualdad como en pobreza y vulnerabilidad son elevadas y crecientes. En este sentido, los indicadores de riesgo de pobreza, pobreza severa, S80/S20 e índice de Gini están muy por encima del valor medio europeo. Y si en el año 2018 para todos ellos España ocupaba entre el sexto y el séptimo lugar más elevado, en 2019 había pasado al cuarto en pobreza severa, al quinto en riesgo de pobreza e índice de Gini y se mantuvo en el mismo lugar en el resto. Finalmente, para 20201, España está en el tercer o cuarto lugar en todos ellos.

Al mismo tiempo, el informe desvela que el incremento del PIB, del empleo y del ‘nivel educativo’, no generan, cada una de ellas por sí sola, una reducción de la pobreza y vulnerabilidad y deben ir acompañadas de políticas redistributivas. Sin tener en cuenta el año COVID-19, entre 2014 y 2019 el incremento del PIB fue de 4.208 euros, que equivalen a un crecimiento del 18,9%; sin embargo, en ese período sólo se consiguió una disminución de 1,5 puntos porcentuales en la tasa de pobreza.

Asimismo, continúan acentuándose las características del nuevo perfil de la pobreza que emergió como consecuencia de la crisis financiera y que es radicalmente diferente del clásico. En este sentido, entre los pobres aumenta el porcentaje de personas con educación superior y educación secundaria de 2ª etapa; el de las que viven en zonas urbanas y el de las jubiladas y otras inactivas. El porcentaje de pobres que están en paro se mantiene constante este año y se reduce algo el de los que están ocupados.

En este sentido, es destacable que ahora no es el paro lo que define a la pobreza ya que dentro del grupo de pobres, aquellos que tienen empleo se mantienen como el grupo más numeroso.

El informe culmina advirtiendo que las políticas basadas exclusivamente en la creación de empleo sólo beneficiarían directamente a una cuarta parte de las personas pobres, que son las que están paradas…

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