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Urkullu o la cara amable del nacionalismo vasco

PNV

Urkullu (dcha.) aplaude en presencia de Egibar

El candidato al Gobierno vasco por el PNV marca distancias con la hoja de ruta catalana

El lehendakari y candidato del Partido Nacionalista Vasco (PNV) al Gobierno vasco, Íñigo Urkullu, dijo ayer que no tiene «ninguna envidia de la hoja de ruta catalana» y resaltó que el País Vasco es «una realidad diferente».

Ante la invitación de Arnaldo Otegi de impulsar juntos un Estado vasco «decente», el mandatario peneuvista se decantó por lograr un pacto entre vascos y con España que reconozca la realidad nacional de Euskadi.

Durante un mitin en Irún (Guipúzcoa) de cara a las elecciones del próximo 25 de septiembre, Urkullu dijo que «un pueblo pequeño como el vasco tiene un sitio propio en el escenario internacional, si sabe ocuparlo. Las vías para lograrlo no son fórmulas trasnochadas, ni fantasías en el aire, ni consignas simplistas. Queremos ser, hacer y decidir como país para compartir un proyecto europeo, abierto y sin fronteras. Necesitamos voluntad política y hechos. Actuar con hechos y no sólo con palabras. Tendremos el reconocimiento internacional como nación si somos capaces de hacer las cosas bien».

Para defender que el camino marcado por el PNV es el correcto el lehendakari recordó que «Euskadi ya está dando pasos hacia su reconocimiento internacional». Como ejemplos señaló que «un congreso internacional ha analizado el modelo vasco de Formación Profesional Dual; avanzamos en la estrategia ‘RIS 3’ de especialización inteligente para estar en el pelotón de cabeza en investigación y tecnología; y hemos recibido el reconocimiento de Buenas Prácticas de Naciones Unidas a dos experiencias de nuestro Gobierno en Transparencia y práctica inclusiva en la Educación. Se trata de ser una nación reconocida en el mundo por nuestras políticas de Salud, Educación o Protección social, de Medio Ambiente o de Igualdad. Ser reconocidos por el modelo vasco en la gestión y salida de la crisis o por nuestra política industrial ‘basque industry 4.0’».

El candidato jeltzale a la Lehendakaritza dijo apoyar «la internacionalización de una sociedad vasca que aspira a tener un lugar propio en el mundo presentándose como un país que ha dejado atrás para siempre la violencia y se abona la convivencia».

Hasta aquí la cara «amable» del nacionalismo vasco. Tras Urkullu tomó la alabara el presidente del partido en Guipúzcoa, Joseba Egibar, quien habló del nuevo estatus jurídico-político que incluye el PNV en su programa.

Egibar recordó que el famoso Estatuto Político de 2004, el llamado «Plan Ibarretxe», que fue aprobado en el Parlamento Vasco y rechazado en Cortes Generales, recogía que aunque el País Vasco no tiene constitucionalmente derecho a la secesión, sí tiene derecho a consultar a sus ciudadanos; y que si del resultado se derivara la modificación parcial o total de la relación política entre España y Euskadi, el Estado español estaría constitucionalmente obligado a negociar los extremos y consecuencias de dicha consulta, plasmando en la legalidad lo que libre y democráticamente decidiera la ciudadanía vasca.

Pero según Egibar, «España no quiere admitir realidades nacionales dentro de esto que se llama estructura política Estado español». «Pero esas naciones existen y no es verdad que lo que no recoge la Constitución no exista. Existe -enfatizó- y el principio democrático obliga a que la legalidad se tenga que adecuar a la legitimidad, a lo que libre y democráticamente la ciudadanía -en este caso, la vasca- decida». «Y ese es uno de los pilares del nuevo estatus», añadió.

Necesitamos «el derecho a decidir para que se nos reconozca como pueblo y para desarrollar todas aquellas políticas públicas que tienen incidencia en la ciudadanía vasca, desde que se despierta hasta que se acuesta, desde que nace hasta que muere», concretó. «Todas esas políticas y competencias deben incluirse en el nuevo estatus», apostilló.

«Si la soberanía -plena o condicionada- es buena para Alemania, para España o para Luxemburgo, ¿por qué regla de tres va a ser mala para vascos y catalanes?», se preguntó el nacionalista «radical», que terminó advirtiendo que «queremos decidir sobre nuestro futuro y responsabilizarnos de nuestras decisiones».

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