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La crisis cambia los hábitos de consumo en los hogares españoles

Los hábitos alimentarios cambian con las crisis

Los efectos de la crisis se dejan sentir en todas partes. Uno de los más llamativos es el retraimiento del consumo: cada vez más hogares españoles han ajustado sus hábitos de compra y consumo, limitando gastos y estirando unos ingresos que se ven cada vez más mermados… Han adoptado una “economía de crisis”. Esto se traduce en que, en la práctica, las familias españolas deben dedicar un porcentaje creciente de su presupuesto a satisfacer las necesidades más primarias.

Recientemente se han dado a conocer nuevas informaciones que ponen de manifiesto una profundización de la crisis económica en la que estamos inmersos desde hace 4 años. Son el barómetro del CIS y la nueva ponderación de la cesta de la compra del INE, un elemento básico para el cálculo del IPC.

Los datos de estas publicaciones reflejan un perfil de consumo en los hogares españoles cada vez más primario y menos diversificado, propio de una economía donde el presupuesto familiar no puede dedicarse a ningún bien o servicio que no satisfaga una necesidad básica: una economía de crisis, un consumo de subsistencia.

Así, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los españoles están cambiando de hábitos para ahorrar dinero en este contexto de crisis. ¿Dónde se hacen más recortes… y dónde menos?

Las partidas en las que un mayor porcentaje de familias están haciendo recortes son en ocio (casi un 70% de familias declara gastar menos en esto), suministros  de gas, agua y electricidad (un 69,8% recorta gastos), en vacaciones (más del 66% ha recortado su presupuesto) y ropa y calzado (con un 64,2%).

Por el contrario, donde menos se está ahorrando es en, tratamientos médicos y dentales, en alimentación y en transporte.

Como se puede ver, son partidas de gasto mucho más básicas y donde los ahorros, o ya se han llevado a cabo o son ya imposibles de recortar…

Los expertos aseguran que es lógico que los ajustes mayores se realicen en bienes de consumo duradero (automóviles, electrodomésticos), ocasional (vacaciones, tratamientos de belleza,…) o lúdicos (restaurantes, cines, libros,…) que en partidas de uso diario (alimentación) o imprescindibles para conseguir ingresos (transporte). Pues bien, esto es lo que está sucediendo en la actualidad. Unos presupuestos familiares decrecientes están determinando que las partidas de gasto menos fundamentales se vean recortadas en mayor medida que las más básicas.

Los nuevos hábitos de compra y consumo también se reflejan en la nueva ponderación de la cesta de la compra que, como cada año, confecciona el Instituto Nacional de Estadística para elaborar el índice de Precios al Consumo.

En 2012 aumenta el peso de los porcentajes de presupuesto familiar dedicados a la vivienda, la enseñanza y la alimentación. Las subidas del precio de la gasolina y de la luz, gas y tasas municipales explican que las familias, aunque pretendieran ahorrar en esas partidas, tengan que gastar un porcentaje mayor de su presupuesto en pagar suministros de la vivienda (alcantarillado, gas, luz, agua,…) y en transporte.

Por el otro lado, otras partidas ven como su participación en el presupuesto de los hogares se reduce. Así sucede con comunicaciones (teléfono, móvil, internet), vestido y calzado, menaje, ocio, salidas (cafeterías, restaurantes…), cultura, servicios deportivos y culturales…
También se reduce la destinada a sanidad, si bien parte de la reducción se puede deber a las medidas implementadas desde la Administración para racionalizar el gasto farmacéutico.

Comprar no, pero reparar sí

Un detalle muy ilustrativo de la situación de crisis en la que estamos se aprecia cuando vemos que, si bien las partidas destinadas a comprar ropa, calzado, electrodomésticos o automóviles descienden, suben claramente todas las relacionadas con la reparación de estos mismos bienes.

Una cesta de la compra diferente

La alimentación se sigue llevando un buen porcentaje del presupuesto familiar pero el análisis de los expertos en consumo  revela que se consume menos carne (excepto de pollo y preparados como la carne picada o la casquería), se reduce el consumo de pescado fresco, aunque avanza algo el congelado y en conserva; pesan menos en el presupuesto familiar el agua mineral, los zumos o los licores y sube el porcentaje de dinero empleado en fruta y verdura.

También se gasta más en comprar bebidas alcohólicas como la cerveza o el vino: es típico de esta economía de crisis que se incremente el consumo de estos productos en hogares, al tiempo que se gasta menos en hostelería (restaurantes, cafeterías y bares).

En definitiva, un análisis detallado de los datos oficiales, muestran una crisis que no cesa y que continúa azotando los presupuestos de los hogares españoles, cada vez más menguados y en los que se tienen que dedicar en un porcentaje creciente a satisfacer las necesidades más primarias.

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