1 de 52 de 53 de 54 de 55 de 5 (3 votos, media: 5,00 de 5)
| Print This Post

Volver a la rutina no es fácil, el estrés sobreviene tras las vacaciones

Aunque las vacaciones no tendrían sentido sin el cansancio acumulado de meses de trabajo, volver a la rutina diaria de nuestra vida nos resulta un proceso complicado, que para muchos desemboca en un estado general insostenible, el cual podemos definir por los siguientes síntomas característicos asociados:

  • Síntomas físicos: el cansancio, la fatiga, la falta de apetito, los dolores musculares, los dolores de cabeza y las molestias en el estómago.
  • Síntomas psicológicos: la tristeza, la irritabilidad, la falta de concentración y una gran falta de interés por el trabajo.

El 35 por ciento de los que tienen entre 25 y 40 años, sufre estrés postvacacional, según una de las conclusiones de los especialistas de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Pero,  ¿constituyen estos síntomas un síndrome patológico del que preocuparnos, o simplemente se trata de un proceso de adaptación que debiera remitir en un plazo corto de tiempo?

Como bien reflejó Piaget en su Teoría del Desarrollo cognitivo, a medida que vamos creciendo, oganizamos nuestro conocimiento en función de diferentes estructuras, que van haciéndose cada vez más complejas a lo largo del proceso de maduración personal. Son a estas plantillas, asociadas a los ganglios de la base y al sistema límbico, a lo que llamamos: esquemas cognitivos, que no son más que pautas de acción organizadas e interrelacionadas que simplifican nuestra forma de reaccionar ante los diferentes estímulos que nos rodean. A su vez estos esquemas, cuando son mantenidos en el tiempo de forma reiterada constituyen lo que llamamos: hábitos. Estos nos ayudan a mantener un orden espacio/temporal en la realidad que nos rodea (levantarnos a una determinada hora, lavarnos los dientes después de las comidas, repetir determinados trayectos, etc…).

Cuando nos relajamos y dejamos a libre albedrío nuestros quehaceres durante los periodos vacacionales, estas rutinas diarias pierden fuerza para ser reproducidas de forma autómatica.  Romper estos hábitos supone un desorden para nuestro nivel de funcionamiento cognitivo habitual.Al retomar la vida laboral, nuestro cerebro debe esforzarse para volver a conseguir el nivel de exigencia previo, lo cual requiere un coste cognitivo superior.

Y es aquí, es dónde encontramos las diferencias entre lo que sería un mero trámite hacía la adaptación de las rutinas diarias, o un proceso patológico asociado a un gasto personal superior al que podemos/queremos dedicar para tal fin.

El punto clave para desembocar en este síndrome lo constituye el nivel de esfuerzo que tenemos que realizar para conseguir una nueva adaptación a nuestros hábitos debilitados. Esto, a su vez, depende directamente del grado de convencimiento y satisfacción que obtenemos de lo que hacemos. Cuando nuestro trabajo supone una mera inercia sin un grado de bienestar asociado, este proceso se convierte en toda una odisea, con un coste personal  muy alto. En cambio, cuando lo que hacemos nos gusta y incentiva, por mucho que nos cueste volver a adaptarnos, el beneficio a corto/largo plazo nos compensa y neutraliza el esfuerzo que tenemos que realizar.

Por otro lado, existirían unos factores secundarios, asociados al contexto que rodea el ambiente laboral, que, de igual manera, disminuirían el impacto del cambio (grado de satisfacción el ambiente laboral, tanto a nivel físico como social; grado de satisfacción con la vida personal fuera del trabajo, etc.).

Por tanto, podemos concluir, que el síndrome como tal constituye un proceso de adaptación “normal” hacia unos esquemas y nivel de funcionamiento que requieren un coste personal adicional. Sólo entraríamos en el límite de lo “anormal” una vez que sobrepasado un periodo de 1-2 semanas siguiéramos percibiendo ansiedad y malestar generalizado que no remiten con la vuelta a la rutina. Ante esto el mejor consejo es, sin duda, replantearse hasta que punto nuestra vida se adapta a lo que realmente queremos/debemos para nosotros.

Marta Mero

Psicóloga

Tags: , , ,