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Venezuela sigue colapsando ante la pasividad internacional

Juan Guaidó

Juan Guaidó ha asumido la presidencia de Venezuela

Al menos 13 personas han muerto en las últimas horas en medio de las protestas contra Maduro

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se proclamó ayer «presidente encargado» de Venezuela de acuerdo con la decisión adoptada por el único órgano estatal en manos de la Oposición.

La Asamblea Nacional, despojada de sus funciones por el Tribunal Supremo y la Asamblea Nacional Constituyente a la que Maduro ha otorgado «poderes plenipotenciarios», no acepta que Nicolás Maduro siga al frente de la República Bolivariana de Venezuela tras las pasadas elecciones de mayo, a las que no se presentó ningún partido no oficialista por considerarlas fraudulentas.

Guaidó se proclamó presidente de la Asamblea Nacional el pasado 11 de enero. Dos días más tarde fue detenido por un grupo de agentes del Sebin, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, quienes, según el gobierno chavista, «actuaron de manera unilateral». Tras ser liberado, Guaidó calificó a Maduro de presidente «ilegítimo» y en su calidad de líder opositor y de titular de la Asamblea Nacional asumió las competencias del Ejecutivo.

Ayer, durante una multitudinaria manifestación celebrada en Caracas contra Nicolás Maduro, que juró su cargo como presidente el pasado día 10 para un segundo mandato presidencial, Guaidó dijo: «Tenemos, apegándonos a la Constitución, apegándonos al elemento del 233, 350 y 333 asumir claro las competencias de la encargaduría de una Presidencia de la República porque lo dice nuestra Constitución», lo que ha sido interpretado como que ha asumido la presidencia interina de Venezuela.

Más tarde, la Asamblea Nacional puntualizó diciendo en boca de Guaidó: «Me apego al artículo 233, 333 y 350 de la CRBV para convocar elecciones libres y la unión del pueblo, FAN y comunidad internacional para lograr el cese de la usurpación».

El último tuit ha sido para invocar los artículo 233-333 «de nuestra Constitución ante Dios, ante el pueblo y ante mis colegas diputados de la Asamblea venezolana para asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como legítimo Presidente encargado de la República de Venezuela».

En medio de la confusión y tras reconocer que su acto «va a tener consecuencias», Guaidó ha recibido el apoyo de Estados Unidos, la Unión Europea -que ha pedido elecciones libres y creíbles- o el Grupo de Lima, que reúne a la mayoría de países latinoamericanos -Guatemala, Costa Rica, Paraguay, Brasil, Perú, Colombia, Honduras, Panamá o Argentina- y a Canadá. Todos le reconocen como «presidente legítimo» de Venezuela «ante la ilegitimidad del régimen de Nicolás Maduro».

Según la ONG Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), al menos 13 personas han muerto en las últimas horas en medio de las protestas anti Maduro, quien, desde el balcón del Palacio de Miraflores, señaló que «solo el pueblo pone, solo el pueblo quita». Ante cientos de simpatizantes del Gobierno que replicaron las marchas opositoras Maduro insistió en defender que las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo fueron «democráticas», además de señalar que la Justicia debe «actuar» tras la autoproclamación de Guaidó como presidente interino.

Maduro califica la situación de «golpe de Estado» orquestado por «el Gobierno imperialista de EEUU» y sus «gobiernos satélite». «Es una gravísima irresponsabilidad», dijo, advirtiendo de que podría provocar un «enfrentamiento civil». Anunció su decisión de romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno de EEUU, al que acusó de «intervencionismo», y dio 72 horas para que el personal abandone la embajada.

Por su parte, el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino, ha advertido de que los militares no aceptarán a un presidente impuesto.

Mientras todo esto sucede en Venezuela, de donde en 2019 se fugarán dos millones de personas escapando de la hambruna y la violencia, la comunidad internacional sigue «observando». «La Unión Europea y sus Estados miembro permanecen dispuestos a apoyar la restauración de la democracia y del Estado de derecho en Venezuela a través de un proceso político creíble, pacífico y conforme a la Constitución venezolana».

La ONU está «siguiendo de cerca» las manifestaciones y concentraciones que están teniendo lugar en Venezuela y ha pedido «negociaciones políticas inclusivas y creíbles» para abordar los retos en el país. El portavoz del secretario general, Farhan Haq, ha pedido a «todos los grupos en el terreno» que rebajen las tensiones y hagan «todos los esfuerzos para evitar una escalada».

Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un órgano autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), «toma nota» que desde el 10 enero, cuando Maduro juró un nuevo mandato, «la crisis en Venezuela ha cobrado nuevas dimensiones». En el culmen del «intervencionismo», la CIDH pide al Estado que se abstenga de cualquier acción que restrinja el ejercicio de la libertad de expresión, y facilite el ejercicio del derecho a la protesta social.

Hasta ahora han muerto 13 personas y sólo el presidente de los EEUU, Donald Trump, ha advertido que «todas las opciones están sobre la mesa». Trump también ha avisado de que seguirá empleando «el peso completo del poder económico y diplomático de EEUU para presionar por la restauración de la democracia venezolana».

En un alarde de fuerza, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, ha anunciado que mantendrá a su personal diplomático destacado en Venezuela. En un comunicado, Pompeo dijo que el «ex presidente » Maduro no tiene la autoridad legal para romper las relaciones con EEUU.

Maduro sigue recibiendo al apoyo de Cuba y de México, único país del Grupo de Lima que comulga con el régimen chavista. También Rusia y China simpatizan con la República Bolivariana, lo que hace imposible lograr una resolución de Nacional Unidas que permita cualquier intervención extranjera en el país adonde en 2017 incluso hacía falta llevarse hasta el jabón.

Desde el Kremlin hna informado que el presidente ruso, Vladimir Putin, ha mantenido una conversación telefónica con Nicolás Maduro en la que le ha expresado su apoyo y ha respaldado la teoría de que «la interferencia externa es una grave violación de las normas fundamentales del derecho internacional». Tanto Putin como Maduro han «reafirmado» la cooperación ruso-venezolana.

También el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha declarado su apoyo a Maduro. La solidaridad turca con el presidente venezolano se debe a que bajo el gobierno de Erdogan, Turquía ha actuado cada vez más en coordinación con los países VIRTU, un club acrónimo de regímenes «autoritarios» que incluye a Venezuela, Irán, Rusia y Turquía.

Ankara y Caracas firmaron recientemente varios acuerdos para impulsar sus relaciones económicas, que incluyen la construcción de una mezquita en Caracas y la apertura de una base de Turkish Airlines en Venezuela. Sin embargo es el creciente comercio de oro entre Venezuela y Turquía lo que más une a ambos mandatarios. El pasado mes de julio, Caracas anunció que su Banco Central había comenzado a refinar oro en Turquía para evitar las posibles sanciones de Estados Unidos. Según la Fundación para la Defensa de las Democracias, en los primeros meses de 2018 Turquía se convirtió en el mayor importador de oro no monetario de Venezuela, recibiendo 900 millones de dólares.

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