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Rousseff denuncia que es víctima de un golpe de Estado en Brasil

Dilma Rousseff

Rousseff llama a «defender la democracia»

Tras ser suspendida de su cargo por el Senado

Nicolás Maduro cree que ahora «vienen a por Venezuela»

Dilma Rousseff denunció ayer que está siendo víctima de un «golpe de Estado» después de ser suspendida durante seis meses de sus funciones presidenciales por el Senado, que por 55 votos a favor y 22 en contra aprobó iniciar el juicio político con miras a su destitución.

En una comparecencia en el Palacio de Planalto y arropada por sus ministros y seguidores, Rousseff llamó a los brasileños que «están en contra del golpe» a movilizarse «unidos y en paz». Calificó de «farsa jurídica» lo ocurrido y denunció que el nuevo gobierno interino de Michel Temer carece de legitimidad porque no fue elegido en las urnas.

En su discurso, Rousseff advirtió de que está en juego «la voluntad soberana de los brasileños» y el «futuro de la nación». Subrayó que se dirigía al país en su condición de «presidenta electa» por los 54 millones de votos que recibió en los comicios de 2014. Asimismo, dijo que están en peligro las «conquistas sociales» de los últimos años, la «esperanza» de los más pobres y también la enorme riqueza petrolera descubierta en aguas profundas del océano Atlántico.

La sucesora de Lula Dasilva, que está investigado por desvíos de dinero de la petrolera Petrobras, negó las acusaciones en su contra -Rousseff está acusada de maquillar las cuentas públicas en los informes contables de 2014 y 2015-, y resaltó que «no existe injusticia más devastadora que condenar a un inocente». Por último, aseguró que seguirá luchando «con todos los instrumentos legales» a su alcance para ejercer su mandato hasta el final, el 31 de diciembre de 2018.

Por su parte, Miguel Temer asumió sus funciones como presidente interino, en un acto en el pidió confianza a los mercados y anunció un «gobierno de salvación» para «pacificar» el país y superar las crisis económica y política. Para ello, apeló a la «armonía» entre los poderes del Estado.

En la calle, varios centenares de brasileños se manifestaron contra Temer en el centro de Sao Paulo. Las protestas comenzaron a última hora de la tarde y congregaron a sindicatos y movimientos sociales.

Los países del entorno y los organismos internacionales temen la inestabilidad que puede generar en la región la suspensión de Rousseff. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon llamó a la «calma y al diálogo».

En Latinoamérica, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se mostró preocupada por la posibilidad de que las «circunstancias de inestabilidad» puedan «trasladarse de manera peligrosa a la región». Desde Venezuela, su presidente, Nicolás Maduro, calificó la suspensión de Rousseff de «golpe de Estado» y de una «señal grave y muy peligrosa para el futuro de la estabilidad de todo el continente». «Ahora vienen por Venezuela», enfatizó. Mientras, el jefe de la fracción opositora del Parlamento venezolano, Julio Borges, instó a Maduro a «verse reflejado en el espejo».

El presidente boliviano, Evo Morales, condenó el «atentado contra la democracia y la estabilidad económica de Brasil y la región». El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se declaró «indignado» con el «impresentable y antidemocrático proceso». Y Cuba achacó la crisis a una «contraofensiva reaccionaria del imperialismo contra los gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe».

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