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Netanyahu enumera ante Trump las condiciones para un Estado Palestino

Donald Trump

Trump y Netanyahu se conocen dede hace mucho tiempo (Foto: Twitter)

Los presidentes de Israel y EEUU muestran una gran sintonía en su primer encuentro público desde que el republicano ocupa la Casa Blanca

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, afirmó ayer que para que haya paz en Oriente Próximo es imprescindible que Palestina respete la existencia del Estado de Israel, que no quiera su destrucción, y que si busca la creación de un Estado palestino debe ser Israel quien controle la seguridad de los dos territorios.

“Otra cosa sería un suicidio”, dijo Netanyahu durante la rueda de prensa ofrecida junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. “De lo contrario, obtendremos otro estado fallido, otra dictadura terrorista islamista que no trabajará por la paz, sino que trabajará para destruirnos”, incidió.

El mandatario israelí no se opuso a la existencia de dos Estados independientes -Israel y Palestina- para garantizar la paz en Oriente Próximo, pero insistió en que “si alguien cree que yo, primer ministro de Israel, responsable de la seguridad de mi país, me adentraría a ciegas en un Estado palestino terrorista que busca la destrucción de mi país, están profundamente equivocados”.

Netanyahu negó que los asentamientos, rechazados desde la ONU, sean el núcleo del conflicto, sino que Palestina “se niega a reconocer el Estado de Israel e incluso enseña en sus escuelas su destrucción”. Hay que recordar que en una de sus últimas decisiones, Barack Obama propició con su abstención la condena en el Consejo de Seguridad de la ONU de los últimos asentamientos israelíes en territorio palestino. Israel protestó por ello y Obama contestó advirtiendo que “el statu quo es insostenible, es peligroso para Israel, malo para los palestinos, malo para la región y malo para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

Pero con Trump el premier israelí cree que existe “una oportunidad histórica” y confía en que bajo el liderazgo de Trump sea posible “hacer que retroceda la creciente oleada del islam radical”. En este asunto mostró el apoyo total de Israel a Estados Unidos. “Aprovechemos juntos este momento. Potenciemos la seguridad. Busquemos nuevas avenidas para la paz y llevemos la notable alianza entre Israel y Estados Unidos a alturas aún más elevadas”, añadió.

Por su parte, Trump dijo que “le gustará” la solución “que le guste a las dos partes, “uno o dos Estados”, siempre que “sean las propias partes negocien directamente ese acuerdo”. Para lograrlo, el presidente estadounidense advirtió a “Bibi”, que ambas “deberán hacer concesiones” y actuar con “cierta flexibilidad”.

Trump secundó las afirmaciones del mandatario israelí sobre la educación que los palestinos dan a sus hijos en los colegios y llamó a las autoridades palestinas a “verse libres del odio que enseñan a sus hijos en los colegios”.

Ambos mandatarios también se refirieron a Irán y a su programa nuclear. Netanyahu detalló que el país ha cometido violaciones en pruebas de misiles balísticos, que, por cierto, llevan inscritos en hebreo, “Israel debe ser destruido”.

Para el premier israelí sancionar a Irán -como ha propuesto recientemente Trump- por estar desarrollando un arsenal nuclear e imponer sanciones a Hezbollah, que paga salarios a las familias de los terroristas palestinos que asesinan a soldados israelíes, “es un cambio evidente” desde que el republicano asumió el cargo “y algo importante para Israel”.

Trump y Netanyahu ofrecieron una visión muy parecida en cuanto al terrorismo del ISIS (DAESH). “Hay que derrotarlos”, aseveraron ambos, para añadir que juntos pueden “revertir la marea creciente del Islam radical”.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores palestino anunció que “si Trump rechaza la creación de Palestina, los palestinos crearán un frente internacional contra EEUU, con la ayuda de la Unión Europea”. Más tarde, el presidente palestino, Mahmud Abas, dijo “estar listo” para “trabajar por la paz” con Trump.

El grupo islamista Hamás rechazó las palabras de Trump y recriminó que “todas las administraciones estadounidenses, incluido Trump, siempre han estado orientadas hacia la ocupación israelí y nunca han actuado de manera seria para dar al pueblo palestino sus derechos”.

Nota: Un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) revela que “la ocupación impone un elevado coste económico y niega al pueblo palestino el derecho humano al desarrollo”.

El informe sostiene que, desde el inicio de la ocupación en 1967, el pueblo palestino nunca ha gozado de un control soberano de su economía, sus recursos naturales o su territorio. Se le ha negado el acceso a sus recursos naturales y económicos, y su agua, tierras, propiedades y otros bienes han sido confiscados y, a menudo, destruidos.

Además, se niega al pueblo palestino el derecho a circular libremente dentro de su patria, y se le priva de su capacidad productiva y de mantener intercambios comerciales y sociales normales en sus comunidades y con el resto del mundo. Entretanto, los asentamientos israelíes siguen expandiéndose, se construyen nuevos asentamientos y la población de colonos sigue aumentando.

Más del 61% de las tierras de la Ribera Occidental están controladas por Israel y los productores palestinos no tienen acceso a ellas. En la Franja de Gaza, se niega el acceso de los palestinos a la mitad de la superficie cultivable y al 85% de los recursos pesqueros.

Entretanto, desde 1967 se han arrancado más de 2,5 millones de árboles productivos. El Gobierno y los agricultores palestinos tienen prohibido mantener o construir pozos, mientras que la Potencia ocupante ha estado extrayendo más agua de lo que dispone el artículo 40 del apéndice I del Segundo Acuerdo de Oslo, firmado el 28 de septiembre de 1995, confiscando así las aguas subterráneas palestinas. En definitiva, las políticas de ocupación han deformado la estructura de la economía palestina e iniciado un proceso continuo de retroceso de las actividades agrícolas e industriales.

En el informe se destacan las repercusiones de las operaciones militares que han devastado la infraestructura de Gaza y exacerbado el sufrimiento de su población. Se calcula que los daños directos infligidos por las tres operaciones militares israelíes llevadas a cabo entre 2008 y 2014 equivalen, como mínimo, al triple de la producción anual de la economía local de Gaza.

Las investigaciones actuales sugieren que, sin la ocupación, la economía del Territorio Palestino Ocupado podría producir perfectamente el doble del PIB actual. Sin embargo, según el informe, todos los estudios anteriores se han llevado a cabo de manera ocasional y no han hecho sino explorar los aspectos más evidentes del coste económico, mucho mayor, que ha tenido la ocupación. Por consiguiente, en el informe se recomienda a la Asamblea General el establecimiento de un marco sistemático, integral y sostenible para evaluar, de forma periódica, el coste económico y las consecuencias de las medidas que adopta la Potencia ocupante.

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