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La paradoja latinoamericana: más hambrientos y más obesos

FAO

Evolución del sobrepeso y la obesidad en América Latina y Caribe en mayores de 18 años

Desde 2014, la cantidad de personas con hambre ha aumentado en Argentina, Bolivia y Venezuela, pero el mayor aumento se ha producido en la República bolivariana de Nicolás Maduro con un incremento de 600.000 personas entre 2014 y 2017

Por tercer año consecutivo el hambre ha aumentado en América Latina y el Caribe mientras la obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de la región. 250 millones de personas viven con sobrepeso, lo que supone el 60% de la población.

La situación es “espantosa” dice el Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, que indica que las más  perjudicadas son las poblaciones pobres, las mujeres y los indígenas.

El hambre afecta a 39,3 millones de personas en América Latina mientras que cada año hay 3,6 millones de obesos más en la región. Es lo que asegura el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018 de la FAO y otras agencias humanitarias de la ONU.

El informe indica que el hambre, la desnutrición, la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad afectan más a las personas de menores ingresos, a las mujeres, a los indígenas, a los afrodescendientes y a las familias rurales.

Por ejemplo, unos 19 millones de mujeres sufren inseguridad alimentaria severa, en comparación con 15 millones de hombres. En todos los países de la región, la tasa de obesidad de las mujeres adultas es mayor a la de los hombres; en 19 de ellos, la tasa de obesidad femenina es al menos 10 puntos porcentuales superior a la de los hombres. Pero la desigualdad que afecta a las mujeres no sólo se ve en términos de género: la anemia en mujeres en edad fértil, por ejemplo, afecta en mayor medida a las de menos recursos.

Las desigualdades sociales y económicas también se ven en la nutrición infantil: en Honduras, la desnutrición crónica afecta al 42% de los niños en familias de menores ingresos y solo al 8% de los que viven en contextos de mayores ingresos. En Guatemala la diferencia es mayor: afecta al 66% más pobre y sólo al 17% de los niños de familias de mayores ingresos.

El estudio indica que una de las principales causas del alza de la malnutrición entre los más vulnerables es el cambio que han sufrido los sistemas alimentarios de la región, desde su producción hasta su consumo.

Si bien los sectores más excluidos de la sociedad han aumentado el consumo de alimentos saludables como leche y carne, el informe revela que muchas veces se ven obligados a optar por productos con alto contenido en grasa, azúcar y sal, ya que tienen menor costo.

Julio Berdegué, representante regional de la FAO, dice que “la obesidad está creciendo descontroladamente y cada año se suman en la región 3,6 millones de obesos. Así, 250 millones de personas viven con sobrepeso, el 60% de la población regional”. “La situación es espantosa”, se lamenta.

La obesidad se ha convertido en la mayor amenaza nutricional de América Latina y el Caribe. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso y el sobrepeso afecta al 7,3% (3,9 millones) de los niños menores de 5 años, una cifra que supera el promedio mundial de 5,6%.

Desde 2014, la cantidad de personas con hambre han aumentado en Argentina, Bolivia y Venezuela. El mayor aumento ocurrió en la República bolivariana de Nicolás Maduro, con un incremento de 600.000 personas entre 2014 y 2017.

Venezuela es hoy uno de los países con mayor número de personas “subalimentadas” en la región (3,7 millones, el 11,7% de su población), junto con Haití (5 millones, el 45,7% de su población) y México (4,8 millones, 3,8% de su población).

Pero a diferencia de la Venezuela de Maduro, en Haití y México el hambre se ha reducido en los últimos tres años, así como en Colombia y República Dominicana. Son los únicos cuatro países que han logrado esto desde 2014.

Como señala la Encuesta de Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de febrero 2018, los venezolanos han perdido, de media, alrededor de 11 kg de peso desde 2017. El último boletín de Caritas Venezuela, de julio pasado, señala que 65% de los niños monitorizados presentan déficit nutricional y un 13,5% de GAM (Desnutrición Aguda Global). Asimismo, las encuestas constatan que el 72% de los hogares han tenido que empobrecer su alimentación y el 63% se han enfrentado a alguna forma de privación alimentaria. Solo el 15% de los hogares aseguran seguir consumiendo de acuerdo a un patrón alimentario adecuado.

Por otra parte, la pérdida de poder adquisitivo, unida al encarecimiento de los productos básicos, agrava la situación de pobreza de buena parte de la población que explica también el aumento de la migración. Según la Organización Internacional de las Migraciones, son más de 2,6 millones los venezolanos registrado fuera del país y, según el ACNUR, unas 5.000 personas salen de Venezuela a diario.

Mientras el hambre afecta a 39,3 millones de personas en toda la región, Brasil, Cuba y Uruguay son los únicos países de América Latina con porcentajes de hambre inferiores al 2,5% de su población.

Entre estas cifras preocupantes se cuela otra indignante: Según la FAO, en América Latina y el Caribe se desperdicia de media unos 223 kilos de comida al año por habitante.

El informe destaca que la desnutrición crónica infantil es mayor en la población  indígena. En Ecuador, el 42% de los niños y niñas indígenas vivía con desnutrición crónica comparado con el 25% del promedio nacional, en el año 2012. En Guatemala, la desnutrición crónica afectaba en el bienio 2014-2015 al 61% de los niños y niñas indígenas y sólo al 34% de los no indígenas.

Los niños de las zonas rurales también tienen peores indicadores que los que viven en las zonas urbanas. En Belice, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, y Surinam las tasas de desnutrición crónica infantil en las zonas rurales superan en más de 50% las tasas observadas en las áreas urbanas.

“La desnutrición crónica está estrechamente vinculada con las desigualdades y la pobreza, pero también el sobrepeso está afectando de manera creciente a los niños y niñas más pobres. Éstos se enfrentan a condiciones de alta vulnerabilidad social y económica y sufren el acceso inequitativo a servicios de salud y a dietas saludables”, señala María Cristina Perceval, directora regional para UNICEF América Latina y el Caribe.

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