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El G20 acelera la creación de un «impuesto digital»

G20

La presidencia de esta reunión del G20 la ejerce Japón, país anfitrión del encuentro

Los detalles del acuerdo, que podría incluir un tipo mínimo mundial para el impuesto de Sociedades, se definirán el próximo año

Los ministros de Finanzas del G20 han respaldado la creación de un «impuesto digital» destinado a aumentar la presión fiscal sobre las multinacionales tecnológicas.

Los detalles del pacto alcanzado en el simposio sobre la Fiscalidad Internacional celebrado en Fukuoka, Japón, se definirán el próximo año.

La denominada iniciativa BEPS 2.0 explorará reformas estructurales como dónde se deben establecer las bases imponibles y como aplicar un tipo efectivo mínimo en el impuesto de sociedades en todo el mundo. En la práctica, esto haría que todas las grandes empresas acaben pagando un mínimo de impuestos en cada país en el que operan, sin importar dónde se declaran los beneficios; y que paguen más allí donde generan una actividad real, al margen de los paraísos fiscales que estén utilizando.

Al acto han acudido, entre otros, el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin; el ministro de Finanzas chino, Liu Kun; el ministro de Finanzas de Japón, Taro Aso; el ministro de Economía y Finanzas de Francia, Bruno Le Maire; los gobernadores del Banco Central y el secretario general de la OCDE, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, Ángel Gurría.

Es la OCDE la encargada de liderar estas negociaciones en las que, por primera vez, los países han puesto sobre la mesa propuestas de reforma que suponen un cambio estructural. Se calcula que las grandes empresas siguen trasladando hasta el 40% de los beneficios obtenidos en el extranjero a paraísos fiscales. Algunos sectores piden que se establezca una imposición mínima en el impuesto de sociedades en todos los países sin excepción.

La primera ronda de negociaciones fue liderada por la propia OCDE, bajo el mandato del G20, y concluyó en 2015. Es el paquete conocido como Erosión de la base imponible y el traslado de beneficios o BEPS por sus siglas en inglés.

El modelo fiscal actual se basa en la necesidad de contar con presencia física en el territorio (o «establecimiento permanente») para poder ser gravada. Sin embargo, los servicios digitales pueden ser prestados sin que la empresa cuente con presencia física a efectos fiscales en el territorio, y así escapa al pago de gran parte del impuesto de sociedades. Bajo este sistema, una gran mayoría de países (en desarrollo) se queda sin capacidad para gravar los beneficios generados por las ventas y otras actividades digitales a pesar de que se estén produciendo en su territorio.

Otro punto fuerte del simposio es imponer un tipo mínimo en el impuesto de sociedades y exigir a todas las empresas que paguen lo mismo sobre sus beneficios. Los expertos creen que esto desincentivaría esa transferencia artificial de beneficios hacia países de baja o nula tributación. «Sería el punto final de los paraísos fiscales y de la nociva competencia fiscal entre países», señalan desde Oxfam, que afirma que, de hecho, el promedio del impuesto de sociedades ha pasado de situarse en torno al 28,6% en el año 2000 a estar ceca del 21,4% en 2008 (calculado sobre la base de 94 países).

G20 [1]

La «cumbre» del G20 tendrá lugar en Osaka los próximos 28 y 29 de junio

La OCDE aspira a tener un esbozo del acuerdo final en enero de 2020, para su aprobación por los Jefes de Estado del G20, que se reunirán en una cumbre en Arabia Saudí en noviembre de 2020.

Esto beneficiaría sobre todo a los países en desarrollo que en la práctica no gozan de ninguna capacidad para gravar los enormes beneficios que grandes empresas generan con la comercialización de multitud de servicios digitales a clientes de sus países. Y, sin embargo, a mediados de 2016, el 73% de los usuarios de Internet a nivel mundial provenían de África, Asia, Medio Oriente, América Latina y el Caribe. Se estima que estos países dejan de recaudar cada año 100.000 millones de dólares en impuestos a causa de la evasión y la elusión de las grandes empresas, y pierden aún más como resultado de la competencia fiscal nociva entre países.