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El Acuerdo por el Clima «no es perfecto para nadie pero es un éxito para la humanidad»

Acuerdo París

En París se ha logrado avanzar…

Para Greenpeace el tratado marca un objetivo que solo puede alcanzarse con el abandono total de los combustibles fósiles en 2050 como muy tarde

Los representantes de los 195 países reunidos en la Cumbre del Clima celebrada en París alcanzaron ayer el primer acuerdo global para intentar atajar el calentamiento del planeta desencadenado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

El objetivo del acuerdo, que entrará en vigor en 2020, es conseguir que la temperatura del planeta no aumente más de dos grados al final de este siglo. En concreto, limitar el incremento de la temperatura media global por debajo de los 2ºC, y trabajar hacia escenarios compatibles con los 1,5ºC.

Para ello, todos los países firmantes deberán limitar sus emisiones de gases, aunque los desarrollados tendrán que hacer un mayor esfuerzo y movilizar 100.000 millones de dólares anuales en apoyo de los países con menos recursos. Además se crea un mecanismo de compensación a los Estados más afectados por el cambio climático.

Los objetivos de reducción de emisiones de gases no son estrictamente vinculantes pero los países deberán presentar sus objetivos de reducción de emisiones cada cinco años. También se crean inventarios para hacer seguimientos de los programas nacionales de reducción.

El quid de la cuestión está en que, según Greenpeace, el Acuerdo de París es legalmente vinculante ya que es un Tratado según leyes internacionales, pero los objetivos nacionales (los llamados INDC) no son legalmente vinculantes ni lo son tampoco los compromisos de financiación.

A pesar de esta no vinculación jurídica, los intervinientes han calificado el acuerdo de «histórico». El presidente francés, François Hollande, resaltó ayer que tras dos semanas de reuniones en París y más de seis años de prolegómenos hemos logrado el «primer acuerdo universal de la historia de las negociaciones climáticas».

Desde Estados Unidos, el presidente Barack Obama, también ha destacado el carácter global de un acuerdo que considera «un punto de inflexión» y la «mejor oportunidad» para salvar al planeta. «Juntos, hemos mostrado lo que es posible cuando el mundo se une», destacó Obama en una breve declaración pronunciada en la Casa Blanca.

Incluso las organizaciones ecologistas como Greenpeace han dado la bienvenida al acuerdo, al considerar que supone un «giro y envía una fuerte señal de que la transición energética está en curso.

Evidentemente no es todo lo perfecto que quisieran, pero las ONGs aplauden la incorporación de un objetivo a largo plazo de limitar muy por debajo de los dos grados el calentamiento global. Lamentan la falta de medios para alcanzar la meta y consideran los plazos para revisar los objetivos nacionales demasiados largos .

«La rueda de la acción gira lentamente pero en París ha girado. El texto coloca claramente a las industrias fósiles del lado malo de la Historia», declaró el director de Greenpeace International, Kumi Naidoo. Pese a todo, señaló que el acuerdo dista mucho de ser satisfactorio para quienes se encuentran en primera línea de los impactos del calentamiento y recordó que la lucha ahora se centra en presionar a gobiernos y empresas para cumplir el acuerdo y revisar al alza las ambiciones.

«Casi doscientos países se han reunido y llegado a un acuerdo. Hoy la humanidad se ha unido por una causa común, pero lo que pase tras esta conferencia es lo que realmente importa», dijo Naidoo, para quien el Acuerdo de París es solo un paso en un largo camino.

Según el experto ecologista, el tratado marca un objetivo que sólo podrá alcanzarse con el abandono total de los combustibles fósiles en 2050 como muy tarde. Para Naidoo, hay partes del acuerdo que resultan frustrantes y decepcionantes, ya que por sí solo no nos sacará del agujero en que estamos metidos, aunque haga la cuesta para salir de él sea menos empinada».

Para Tasneem Essop, jefa de la delegación de WWF, el objetivo fijado envía una fuerte señal de que los gobiernos están comprometidos a estar en línea con lo que dice la ciencia». Y Tim Gore, de Oxfam, recalca que «es una victoria moral importante» aunque necesita un aumento de la acción en los próximos años».

Lo importante del pacto «parisino» es que no es un objetivo aspiracional, sino que su alcance se va a ir revisando cada cinco años cuando se haga balance de hasta dónde se ha llegado y se consideren la siguiente ronda de compromisos que siempre tendrán que ser más ambiciosos de los actuales.

En el Acuerdo se pone en valor la importancia de la adaptación a los impactos del cambio climático en un contexto en el que todos los países tienen que adaptarse a los efectos del incremento de la temperatura global. Además, se crea un marco de cooperación global para que los países en desarrollo más vulnerables puedan afrontar las pérdidas y daños asociados a estos impactos.

Esto supone un reconocimiento, en un tratado internacional, de las necesidades específicas que tienen los países más vulnerables y que vienen demandando desde hace años.

Para conseguir un desarrollo sostenible duradero a nivel global, el Acuerdo de París pone las bases para una transformación de los modelos de desarrollo hacia patrones bajos en emisiones. Para ello, se cuenta con un importante paquete financiero que ayudará a la implementación del Acuerdo y que deberá construirse sobre la base del objetivo de movilización de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, a través de distintas fuentes, y que se revisará más adelante. Si bien la financiación climática vendrá fundamentalmente de los países desarrollados, se reconoce por primera vez los esfuerzos voluntarios de los países en desarrollo.

El Acuerdo refuerza el sistema actual de transparencia y rendición de cuentas de la Convención de Cambio Climático, para fortalecer la confianza conjunta entre los países y para contar con información suficiente para poder hacer balance cada cinco años en el mecanismo de revisión.

Además, es un punto de no retorno histórico de movilización gubernamental sin precedentes, como ya se ha visto con los 189 planes nacionales de lucha contra el cambio climático presentados hasta ahora. Pero es que también se han puesto las bases para promover acciones no gubernamentales, de empresas, sociedad civil, así como de acciones adicionales de actores regionales y locales, a gran escala con las que hacer frente al cambio climático.

Asimismo, los Estados insulares y Latinoamérica consiguen el mecanismo de cooperación de perdidas y daños de los bosques; los países productores de combustibles fósiles un mecanismo para su diversificación económica y un paquete financiero para los países en desarrollo que contemple la lucha contra la pobreza y la protección de la producción alimentaria.

Por último, Greenpeace recuerda que ahora los gobiernos tienen que revisar sus objetivos y revisar sus políticas energéticas para acelerar la introducción de energías renovables. Concretamente, deben dejar de financiar los combustibles fósiles, acabar con la deforestación para 2020 y abandonar los combustibles fósiles en 2050.

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