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10 claves para entender las crisis de los refugiados

ACNUR

Una madre y sus dos hijos refugiados en Lesbos, Grecia (Foto: ACNUR/A.McConnell)

Ante la crisis de refugiados en Europa y en otras partes del mundo, ACNUR, la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas, aclara algunas claves para entender cuáles son los problemas a los que se enfrenta la sociedad.

¿Los términos refugiado e inmigrante son intercambiables?

No. Aunque cada vez más los términos refugiado e inmigrante se utilizan indistintamente, existe una diferencia jurídica fundamental entre ambos. Confundirlos puede provocar problemas para los refugiados y los solicitantes de asilo.

¿Qué distingue a los refugiados?

Los refugiados están protegidos y definidos específicamente por el derecho internacional. Los refugiados son personas que están fuera de su país de origen debido a un temor fundado de persecución, a un conflicto, a la violencia u otras circunstancias que perturben gravemente el orden público, y en consecuencia, requieren de protección internacional. Su situación suele ser tan peligrosa e insoportable que se ven obligados a cruzar las fronteras internacionales para buscar seguridad en los países vecinos. De este modo se convierten en refugiados reconocidos internacionalmente y con acceso a la asistencia de los Estados, de ACNUR y de las organizaciones pertinentes. Gozan de un estatuto tan definido precisamente porque para ellos es demasiado peligroso volver a su lugar de origen y, por tanto, necesitan encontrar asilo en otro lugar. Para estas personas, la denegación del asilo tiene consecuencias potencialmente mortales.

¿Cómo están protegidos los refugiados en el derecho internacional?

El ordenamiento jurídico específico que protege los derechos de los refugiados se conoce como protección internacional de los refugiados. El fundamento que justifica la necesidad de este sistema radica en el hecho de que los refugiados son personas que se encuentran en una situación específica que requiere salvaguardas adicionales. Los solicitantes de asilo y los refugiados carecen de la protección de sus propios países.

El artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra el derecho de toda persona a buscar asilo y a disfrutar de él. Sin embargo, la noción de asilo no tuvo un contenido claro a nivel internacional hasta la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 [la Convención de 1951], y se le encargó a ACNUR la supervisión de su aplicación. La Convención de 1951 y su Protocolo de 1967, al igual que instrumentos jurídicos regionales como la Convención de la OUA de 1969 por la que se regulan los aspectos específicos de problemas de los refugiados en África, son la piedra angular del sistema moderno de protección de los refugiados. Estos instrumentos establecen una definición universal para el término de refugiado e incorporan los derechos y obligaciones fundamentales de los refugiados.

Las disposiciones de la Convención de 1951 siguen siendo las principales normas internacionales que determinan todas las medidas para la protección y el tratamiento de los refugiados. Su disposición más importante es el principio de non-refoulement (es decir, que los retornos no pueden ser forzados), que figura en el artículo 33, y sobre el que se cimenta el sistema. En virtud de este principio, los refugiados no deben ser expulsados o devueltos a situaciones donde su libertad, su vida o su integridad física pudieran correr peligro. Los Estados son los principales responsables de esta protección. ACNUR trabaja en estrecha colaboración con los gobiernos, prestando asesoramiento y apoyo cuando es necesario, para cumplir con sus responsabilidades.

¿Es necesario revisar la Convención de 1951?

La Convención de 1951 y su Protocolo de 1967 han salvado millones de vidas y por ello son parte importante de los principales instrumentos de derechos humanos con los que contamos en la actualidad. La Convención de 1951 es un hito de la humanidad que surgió a raíz de los movimientos masivos de población que superaron incluso la magnitud de los que vemos ahora. En esencia, la Convención de 1951 encarna los valores humanitarios fundamentales. Ha demostrado claramente su capacidad de adaptación a las cambiantes circunstancias específicas, y ha sido reconocida por los tribunales como un instrumento vivo, capaz de ofrecer protección a los refugiados en un entorno cambiante. El mayor desafío para la protección de los refugiados no es desde luego la Convención de 1951 en sí misma, sino garantizar que los Estados cumplan con ella. La necesidad real es encontrar maneras más eficaces de ponerla en práctica en un espíritu de cooperación internacional y responsabilidad compartida.

¿Puede usarse el término inmigrante como un término genérico que abarque también a los refugiados?

No existe a nivel internacional una definición jurídica común del término inmigrante. Algunos responsables políticos, organizaciones internacionales y medios de comunicación entienden y usan la palabra «inmigrante» como un término genérico que cubre tanto a los inmigrantes como a los refugiados. Por ejemplo, las estadísticas mundiales sobre migración internacional suelen utilizar una definición de las «migraciones internacionales» que podría incluir numerosos movimientos de solicitantes de asilo y refugiados.

Sin embargo, en el debate público esta práctica puede conducir fácilmente a la confusión y también puede generar graves consecuencias para la vida y la seguridad de los refugiados. Suele entenderse que «migración» implica un proceso voluntario, como por ejemplo, alguien que cruza una frontera en busca de mejores oportunidades económicas. Este no es el caso de los refugiados, que no pueden regresar a su lugar de origen de forma segura, y por consiguiente, son titulares de medidas de protección específica en virtud del derecho internacional.

Confundir los términos «refugiado» e «inmigrante» resta atención a las garantías legales específicas que requieren los refugiados, como la protección contra la devolución y la despenalización del cruce de fronteras sin autorización con el fin de buscar seguridad. La búsqueda de asilo no implica nada ilegal, sino bien al contrario, es un derecho humano universal. Confundir los términos «refugiado» e «inmigrante» puede menoscabar el apoyo público a los refugiados y a la institución del asilo, en un momento en el que los refugiados necesitan más que nunca dicha protección.

Hay que garantizar el respeto de los derechos humanos de los inmigrantes. A su vez, proporcionar una respuesta jurídica y operativa adecuada para los refugiados, debido a su situación particular, y para evitar que se diluyan las responsabilidades que tienen los Estados hacia ellos. Por esta razón, ACNUR siempre hace referencia a «refugiados e «inmigrantes» por separado, para mantener la claridad acerca de las causas y el carácter de los movimientos de refugiados y no perder de vista las obligaciones específicas que derecho internacional confiere a los refugiados.

¿Realmente todos los inmigrantes siempre «eligen» migrar?

Los factores que llevan a las personas a desplazarse pueden ser complejos. Con frecuencia las causas son múltiples. Los inmigrantes pueden trasladarse para mejorar sus vidas en busca de trabajo, o en algunos casos para continuar sus estudios, para reencontrarse con familiares o por otras razones. También pueden trasladarse para aliviar las significativas dificultades que se derivan de desastres naturales, hambruna o pobreza extrema. Las personas que salen de sus países por estas razones generalmente no son consideradas refugiadas conforme al derecho internacional.

¿No merecen los inmigrantes protección también?

Las razones por las que un inmigrante sale de su país con frecuencia son apremiantes, y es importante encontrar maneras de satisfacer sus necesidades y proteger sus derechos fundamentales. Los inmigrantes están protegidos por el derecho internacional de los derechos humanos. Esta protección se deriva de su dignidad fundamental como seres humanos [2]. Para algunos, el incumplimiento de la protección de los derechos humanos puede tener graves consecuencias. Puede dar lugar a violaciones de los derechos humanos, como discriminación grave; arresto o detención arbitraria; trabajo forzado, servidumbre, o graves condiciones de explotación laboral.

Además, algunos inmigrantes, como las víctimas de trata o los menores inmigrantes no acompañados o separados, pueden tener necesidades específicas de protección y asistencia, y tienen el derecho de que tales necesidades sean satisfechas. ACNUR apoya plenamente los enfoques de gestión de la migración que respetan los derechos humanos de todas las personas que se desplazan.

¿Los refugiados son «inmigrantes forzados»?

El término «migración forzada» en ocasiones es usado por especialistas de las ciencias sociales y otros campos como un término general e indefinido que cubre muchos tipos de desplazamientos o de movimientos involuntarios, tanto a través de fronteras internacionales como en el interior de un mismo país. Por ejemplo, el término ha sido utilizado para referirse a las personas que han sido desplazadas por desastres naturales, conflictos, hambruna o proyectos de desarrollo a gran escala.

La «migración forzada» no es un concepto jurídico y, al igual que el concepto de «migración», no existe una definición universalmente aceptada. Cubre un amplio rango de fenómenos. Los refugiados, por el contrario, están claramente definidos en el derecho internacional y regional de los refugiados, y los Estados han convenido un conjunto claro y específico de obligaciones legales con respecto a ellos. Referirse a los refugiados como «migrantes forzados» resta atención a las necesidades específicas de los refugiados y a las obligaciones legales que la comunidad internacional ha convenido para hacerles frente.

Para evitar toda confusión, ACNUR no utiliza el término «migración forzada» para referirse a los movimientos de refugiados y otras formas de desplazamiento.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de referirse a grupos mixtos de personas en desplazamiento que incluya tanto a refugiados como a inmigrantes?

La práctica que ACNUR prefiere es referirse a los grupos de personas que viajan en movimientos mixtos como «refugiados e inmigrantes». Esta es la mejor manera de permitir el reconocimiento de que todas las personas que se desplazan tienen derechos humanos que deben ser respetados, protegidos y cumplidos plenamente; y de que los refugiados y solicitantes de asilo tienen necesidades y derechos específicos que están protegidos por un marco jurídico determinado.

En ocasiones, en los debates políticos, el término «migración mixta» y otros términos relacionados como «flujos mixtos» o «movimientos mixtos» pueden ser una manera útil de referirse al fenómeno de refugiados e inmigrantes (incluyendo a las víctimas de trata u otros inmigrantes vulnerables) que viajan juntos, a lo largo de las mismas rutas, utilizando los mismos facilitadores.

Por otra parte, el término «inmigrante mixto» -utilizado por algunos como una forma abreviada para referirse a una persona que viaja en un flujo migratorio mixto, cuyo estatuto individual es desconocido, o que puede tener razones múltiples y superpuestas para desplazarse- no es claro. Puede generar confusión y enmascarar las necesidades específicas de los refugiados y de los inmigrantes dentro del movimiento. Esto no es recomendable.

¿Qué pasa con los refugiados que salen de un país de acogida y entran a otro? ¿No son en realidad mejor descritos como «inmigrantes» si emprenden su viaje a partir del primer país donde se quedaron?

Un refugiado no deja de ser refugiado ni se convierte en «inmigrante» simplemente por el hecho de salir de un país de acogida para viajar a otro. Una persona es refugiada porque carece de la protección de su país de origen. Trasladarse a un nuevo país de asilo no cambia esto, y por lo que no afecta al estatuto de una persona como refugiada. Una persona que cumple los criterios para obtener el estatuto de refugiado sigue siendo refugiada, independientemente de la ruta particular que haya emprendido buscando protección u oportunidades para reconstruir su vida, e independientemente de las distintas etapas que implique ese viaje.

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