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Las familias pierden 16.700 millones por el alza de precios

Previsiones Funcas 2022-23

Previsiones económicas para España 2022-23 de Funcas

Funcas baja 1,4 puntos la previsión de crecimiento del PIB este año, al 4,2%, y sube al 6,8% la inflación media anual

La subida de precios está provocando un agujero en los bolsillos de las familias, los consumidores y los empresarios españoles.

El dato adelantado esta mañana por el Instituto Nacional de Estadística relativo al IPC de marzo pone de manifiesto que los ciudadanos españoles son ahora un 10% de media más pobres que hace un año. Según la estimación de Funcas, la Fundación de Cajas de Ahorro, la espiral inflacionista mermará la renta real disponible de los hogares en 16.700 millones de euros.

Se da la circunstancia de que la precaria recuperación que comenzaba a vislumbrarse en la economía española se apoya en la demanda embalsada, el rebote del turismo y la mayor ejecución de los fondos europeos, en línea con el último trimestre de 2021. Pero si uno de esos factores se hunde el motor de la economía se gripa.

A pesar de su pérdida de vigor la demanda interna será el motor del crecimiento nacional con una aportación de 3,8 puntos. La demanda de los hogares todavía crecerá gracias a los ahorros que aún le quedan a las familias y que amortiguarán el descenso de la renta real disponible, los 16.700 millones de euros mencionados anteriormente.

Funcas ha rebajado la previsión de crecimiento de la economía española para este año hasta el 4,2%, 1,4 puntos menos de lo esperado en enero, al tiempo que ha revisado al alza la estimación de inflación hasta el 6,8% de media anual.

La subida de precios reducirá la renta disponible de los hogares en términos reales, frenando el crecimiento del consumo y la inversión residencial, mientras que el contexto externo conduce a un menor crecimiento de la inversión en equipo y de los mercados de exportación, según las previsiones para España 2022-2023 presentadas hoy.

El director general de Funcas, Carlos Ocaña, ha señalado que ‘el crecimiento seguirá en positivo, aunque a un ritmo inferior, lo que supone que aún estaremos este año un 2,5% por debajo del PIB prepandemia’. También ha incidido en que ‘para la economía española, la clave está en la sensibilidad de los mercados energéticos al entorno exterior actual’. Como se anticipó en las anteriores previsiones, la senda de crecimiento de España dependerá en buena medida de la evolución del coste de los hidrocarburos y la electricidad.

Las previsiones, que deben interpretarse con cautela dada la elevada incertidumbre por el conflicto en Ucrania y sus derivadas en la economía mundial, contemplan un crecimiento del PIB del 3,3% en 2023, dos décimas menos de lo esperado en enero, y una inflación media anual del 2,8%. Sería el próximo año cuando la economía española recupere el nivel de PIB de 2019. Pero, ojo, para volver a la actividad prepandemia en 2022, el PIB debería crecer un 6,7%.

El empleo crecerá a menor ritmo que en 2021, en consonancia con la desaceleración de la economía. Hasta finales de 2023, se crearán 473.000 puestos de trabajo, con lo que la tasa de paro se situaría en el 13,8% este año y por debajo del 13% el próximo.

El déficit público bajará al 5% este año y todavía sería del 4,5% en 2023. La deuda pública, por su parte, superará el 112% del PIB en 2023.

En cuanto a la política monetaria, se espera que el BCE comience a subir los tipos de interés este año y realice varias subidas más a lo largo de 2023, de modo que el Euribor a un año se situará en positivo a lo largo de la segunda mitad de este año.

Estas previsiones no integran el reciente plan de choque del Gobierno publicado este mismo miércoles en el BOE. No obstante, Funcas apunta que el conjunto de medidas puede relajar las presiones inflacionistas a corto plazo, restando en torno a un punto porcentual de aumento de IPC (de 6,8% a 5,8%, en términos medios para 2022, aún un nivel muy elevado), y así limitar la pérdida de poder adquisitivo.

El principal riesgo que se cierne sobre estas previsiones radica en el entorno geopolítico, con el posible empeoramiento del conflicto bélico y una escalada de sanciones que derive en la ruptura total de las relaciones comerciales entre la UE y Rusia, algo que agravaría la crisis energética y generaría nuevas disrupciones en la cadena de suministros. En ese contexto, no sería descartable una recesión en la eurozona.

A la inversa, un rápido desenlace del conflicto a raíz de un acuerdo estabilizaría los mercados energéticos y ayudaría a contener la inflación. Sin embargo, incluso en este escenario favorable, perdurarían dos legados de esta crisis. En primer lugar, una inflación subyacente superior al 3% y que tiende a crecer. En segundo lugar, un déficit público exacerbado por la doble crisis pandémica y energética. El desafío será, por una parte, su coherencia con las reglas fiscales europeas que acabarán por reactivarse y, por otra, su financiación ante el giro de la política monetaria del BCE.

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