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La tasa de actividad de las mujeres de 25 a 54 años sube 10 puntos desde 2001

Tasa de actividad UE 2001-2018

El dato de la tasa de actividad (25-54) en Suiza (2001 y 2018) es provisional (Funcas)

Desde el 61% al 82%, mientras que la actividad masculina se ha mantenido estable, en torno al 91%-92%

Las tasas de actividad femenina han aumentado en todos los niveles educativos, aunque las mujeres con mayor formación presentan las ratios más altas

La tasa de actividad (es decir, la relación entre los individuos activos -ocupados o en busca de empleo- y la población total) de las personas de 25 a 54 años en España aumentó en más de 10 puntos porcentuales, del 76% al 87%, entre 2001 y 2018.

Según el último análisis de Funcas, ello ha permitido a España abandonar el grupo de países con menor actividad en el que se encontraba a principios de este siglo junto a Italia, Grecia e Irlanda y superar la media de la UE-15 (86%) el año pasado.

El aumento de la tasa de actividad española se debe principalmente a una mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral. Si bien la actividad masculina se mantuvo estable durante todo el período (en torno al 91%-92%), las tasas de actividad femenina aumentaron del 61% en 2001 (tercer trimestre) al 82% en 2019 (tercer trimestre).

Esta evolución está relacionada con el nivel de estudios de la población femenina. La proporción de mujeres activas con educación superior ha aumentado año tras año en el periodo analizado. Así, en 2001, las mujeres de 25 a 54 años con formación universitaria representaban poco más de un cuarto (27%) de todas las mujeres de ese grupo de edad, mientras que en 2019 se acercan a la mitad (47%). De hecho, las mujeres universitarias muestran las tasas de actividad más altas. Es cierto que sus tasas de actividad están por detrás de las de los varones universitarios, pero tienden a converger.

En el estudio se destaca además que las tasas de actividad femenina han aumentado en todos los niveles educativos. Así, las mujeres con niveles educativos más bajos también han decidido entrar masivamente en el mercado laboral: mientras que en 2001 menos de una de cada dos mujeres con educación secundaria inferior o menos (48%) trabajaba o estaba dispuesta a trabajar, en 2019 la proporción ha aumentado a siete de cada diez (71%).

Contrariamente a la evolución mostrada por la población de 25 a 54 años, las tasas de actividad laboral de los menores de esa edad han disminuido en muchos países europeos entre 2001 y 2018. Es el caso del sur de Europa (Grecia, Italia, Portugal y España) y Europa del Este (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, entre otros).

A principios de siglo, en estos países los menores de 25 años tenían tasas de actividad relativamente bajas, pero en 2018 eran aún más reducidas. En España y Portugal sólo una de cada tres personas menores de 25 años estaba activa el año pasado, cifras algo superiores a las de Italia y Grecia. Esta creciente proporción de menores de 25 años fuera del mercado laboral sugiere que más jóvenes se dedican a tiempo completo a la educación formal. O a no hacer nada…

En cambio, países europeos con mercados de trabajo y estados de bienestar considerados fuertes y sólidos muestran tasas de actividad mucho más altas entre los jóvenes. Mientras que en Europa meridional y oriental, la proporción de personas activas menores de 25 años oscila entre el 25% y el 35%, en Alemania, Finlandia, Suecia y Austria alcanza el 50%-60%. En Dinamarca y Países Bajos llegan al 60% y 69%, respectivamente.

Esto no significa necesariamente que los jóvenes de Europa Central y del Norte se dediquen menos a estudiar, sino que muchos compatibilizan los estudios con un trabajo a tiempo parcial. De hecho, el trabajo a tiempo parcial de personas de 15 a 24 años asciende al 80% del empleo total en Países Bajos, mientras que en Dinamarca y Suecia supone el 64% y el 49%, respectivamente.

En definitiva, señalan desde Funcas, la situación laboral de los jóvenes en el sur de Europa suele considerarse sombría por el elevado desempleo. Pero un factor decisivo, a menudo pasado por alto, es la baja tasa de actividad. Ambos factores, dicen sus analistas, seguramente están relacionados (las bajas perspectivas de empleo desincentivan la entrada en el mercado laboral y favorecen la prolongación de los estudios), pero la baja actividad entre los jóvenes también indica un mercado laboral poco flexible y una preferencia social por ampliar la etapa educativa durante la juventud.

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