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España sufre una falta de formación estructural, según la OCDE

OCDE

España tardó mucho en alfabetizarse… y eso se paga

España tiene una de las cotas más altas de adultos de entre 25 y 64 con niveles bajos de alfabetización (6 millones de personas, lo que representa el 23% de este grupo de edad)

En octubre de 2013 los adultos españoles eran los más «zoquetes» de la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) apoya los esfuerzos realizados por el Gobierno de España para mejorar el aprendizaje basado en el trabajo, la denominada Formación Profesional Dual.

Gracias a la implantación de este formato, ahora hay formación básica -que cursan en su primer año 34.684 alumnos- y Formación que combina trabajo y aprendizaje en la escuela -donde el número de estudiantes ha pasado de 4.992 en el curso 2012/13 a 16.199 en el curso 2014/15-.

Sin embargo y a pesar de los avances, la organización dirigida por Ángel Gurría nos sitúa a la cola de entre los países de la OCDE que fomenta este tipo de formación.

En el trabajo recientemente publicado por la OCDE, Las Competencias más allá de la Escuela: Informe de Síntesis, la organización alienta a España a redoblar sus esfuerzos para mejorar este tipo de formación.

Según la OCDE, gracias a la reforma de la FP dual entre 2013 y 2014 el número de contratos anuales de aprendizaje se incrementó en un 40%; el número de escuelas que ofrecen el proyecto piloto para la Educación y la Formación Profesional dual y el número de estudiantes que eligen esta vía se duplicó; y el número de empresas participantes se triplicó.

Pero, como sostienen diversos estudios, el mercado laboral demanda cada vez más este tipo de titulaciones profesionales que vienen acompañadas de experiencia laboral.

En países como Austria, Alemania y Suiza, por ejemplo, uno de cada cinco individuos de entre 20 y 45 años ya posee un título postsecundario de EFP. Y se estima que entre 2010 y 2020 cerca de dos tercios del crecimiento del empleo tendrá lugar en la categoría «técnicos y profesionales de nivel», la categoría más vinculada a la formación profesional postsecundaria-.

Pero el caso de España es distinto. Según la OCDE, España tiene una de las cuotas más altas en número de adultos (entre 25 y 64) con niveles bajos de alfabetización (6 millones de personas, lo que representa el 23% de este grupo de edad). Y hay algo más. Desgraciadamente, la participación en la educación y la formación de los adultos en general en España está por debajo del promedio de la OCDE.

Según datos de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, en el tercer trimestre del año 2014, la población entre 15 y 64 años con un bajo nivel de cualificación en España alcanzaba la cifra del 44% frente al 27% de media en la UE-28. En los niveles medios de cualificación, la cifra en España es del 23,95% y del 46,71% en la UE. Y en enseñanza terciaria, sin embargo, estamos por encima de la media de la UE, con un 31,86% de la población en posesión de una titulación superior, frente al 28,21% de la UE.

Por otra parte, en España pocos estudiantes españoles estudian EFP y de éstos, aún menos tienen la oportunidad de cursar programas con la metodología del aprendizaje basado en el trabajo, tal como lo hacen muchos de sus homólogos europeos.

Así pues, y a pesar de los esfuerzos que la OCDE reconoce a España, el número de jóvenes que ni trabajan, ni se educan y ni se forman ha aumentado de manera constante y ya se encuentra en la franja superior de los países de la OCDE.

¿Quién puede seguir diciendo que estamos ante la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de España? Y quien lo dice ¿con quién compara a los jóvenes españoles?

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