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El FLA rebaja el coste de la deuda de las CCAA a la mitad

Funcas

Funcas hace estudios completísimos

En las regiones más dependientes de los fondos estatales, el coste medio no llega al 1%

La política monetaria expansiva del Banco Central Europeo (BCE) y la caída de las primas de riesgo han facilitado a los países de la eurozona una reducción del coste medio de su deuda pública.

El último número de Cuadernos de Información Económica publicado por la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) señala que en el caso de España el coste medio de la deuda del Tesoro ha pasado del 4,07% en 2011 al 2,59% actual.

Salvador Jiménez y Carmen López, autores de esta parte del informe, explican cómo se ha trasladado esta reducción a las comunidades autónomas, hasta el punto de que el coste medio de su deuda es la mitad que el del Tesoro, tras haber caído del 3,64% en 2012 al 1,4% a cierre de 2016.

Según Jiménez y López dos son las principales razones que han dado lugar a esta importante reducción. Por una parte, la adhesión de las CCAA a los mecanismos de financiación estatales que, si bien, no implica en sí misma una reducción del coste medio de la deuda, sí se han visto favorecidas por la decisión del Estado de rebajar el tipo de interés del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA).

Ello ha sido posible porque desde 2015 las nuevas emisiones del Tesoro, que sirven para refinanciar a las CCAA, se colocan en el mercado por debajo del 1% (0,69% en 2017).

Por otra parte, el elevado peso de los préstamos en las carteras de deuda de las CCAA les ha permitido, en mayor medida que al Estado, su refinanciación aprovechando la caída de tipos.

La paradoja es que, salvo excepciones, las regiones con peores fundamentos fiscales han visto reducido más el coste medio de su deuda, gracias a las extraordinarias condiciones de los fondos estatales: por debajo del 1% frente al 2,4% de las comunidades con menor dependencia de dichos fondos.

No obstante, las regiones con mejor calificación han captado deuda a plazos largos y tipos fijos bajos, garantizándose costes muy favorables durante un largo periodo de tiempo.

Por otro lado Santiago Lago recuerda que el déficit de las Administraciones públicas españolas se sitúa muy cerca del umbral del 3% del PIB, a lo que están contribuyendo las corporaciones locales y las comunidades autónomas. Para Lago los resultados tienen mucho que ver con la coyuntura económica y su efecto sobre los estabilizadores automáticos, y no tanto con el control del déficit estructural, que en 2020 seguirá aún muy cerca del 2% del PIB.

En particular, el ajuste se concentra en la contención del gasto, dejando de lado actuaciones por el lado de los ingresos públicos. Esta estrategia resulta insuficiente para eliminar el déficit estructural, siendo necesario abordar una reforma en profundidad del sistema tributario que le permita ganar en suficiencia, equidad y eficiencia. En todo caso, la incertidumbre ligada a la inestabilidad política en Cataluña y el retraso en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2018 son, a día de hoy, un obstáculo para el diseño de una estrategia ambiciosa.

A la situación actual de estabilidad presupuestaria y la reforma laboral se refiere Ramón Xifré.

Respecto a la primera, advierte del elevado peso de la deuda pública sobre el PIB y señala que la ley tiene serios problemas de credibilidad. Por ello, asegura el autor, se necesitan marcos presupuestarios que primen la credibilidad sobre la ambición en el ajuste, ante la imposibilidad de cumplir el objetivo del 60% del PIB en 2020.

Avisa también de las posibles dinámicas de endeudamiento de algunas administraciones fuera del perímetro del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), que es el que computa a efectos de la Unión Europea. De hecho, los pasivos financieros fuera de dicho perímetro, que representaban solo el 5% en relación con la deuda PDE en 2000, han ido creciendo hasta alcanzar en 2017 el 17% del importe de la deuda PDE.

En cuanto al mercado laboral, el autor considera que las futuras reformas deberían prestar más atención a variables y fenómenos clave como el envejecimiento de la población laboral, la caída en el número de hombres activos y la explosión en el paro de larga duración, que aún afecta a uno de cada tres parados españoles.

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