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Los cooperativistas de Fagor se quedan sin nada

Fagor

Fagor se fue a pique en parte por el nepotismo sin límites que se practicó en la plantilla

La Audiencia de Gipúzcua desestima el recurso contra la Corporación Mondragón interpuesto tras la quiebra de las cooperativas Fagor Electrodomésticos y Edesa

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Guipúzcoa ha desestimado el recurso interpuesto por las plataformas de afectados por la quiebra de las cooperativas Fagor Electrodomésticos y Edesa [1].

Las plataformas integradas por 975 socios jubilados de ambas cooperativas interpusieron una demanda contra el Grupo Mondragón en la que reclamaban 47,8 millones de euros en concepto de aportaciones voluntarias que perdieron con la quiebra.

En su resolución, la Audiencia Provincial de Gipúzcua, como ya lo hizo en su día el Juzgado de Bergara, vuelve a incidir en que los hechos están prescritos y, además, considera que los afectados estaban informados de la situación financiera de las empresas.

Según un informe realizado a finales de 2018 por Imanol Basterrretxea, profesor titular de Economía Financiera II, e Iñaki Heras-Saizarbitoria, catedrático de Organización de Empresa, ambos de la Facultad de Economía y Empresa de la UPV/EHU, los cooperativistas de Fagor no sólo estaban enterados de cómo estaban las cuentas de la empresa, sino que eran responsables de su caída.

Los autores del informe sostienen que Fagor quebró, fundamentalmente, por una caída excepcional en sus principales mercados. Desde su perspectiva, la crisis de Fagor se debió a la inadecuación del modelo productivo respecto al mercado.

Los competidores europeos de Fagor deslocalizaron la producción de electrodomésticos de gama media y baja a países de bajo coste y nuevos competidores de dichos países entraron con fuerza comercializando sus productos en Europa. Por contra, Fagor realizó grandes inversiones en sus plantas vascas e incrementó su presencia productiva en países de mayor coste relativo con la compra de la francesa Brandt (una empresa de similar dimensión). Esta estrategia le impidió competir en precio y costes, siendo una fuente de desventaja competitiva sostenida.

También el estallido de la burbuja inmobiliaria produjo una reducción sin precedentes en la demanda de electrodomésticos, en especial en la gama media en la que competía Fagor. Pero el deterioro en los precios y márgenes de los productos de la cooperativa vasca se venía dando desde años antes, fruto de la irrupción de nuevos competidores en las gamas media y baja y los cambios en el canal de distribución minorista, con la irrupción de grandes cadenas y la agrupación de pequeños comercios en centrales de compra.

Asimismo, las adquisiciones erróneas recurriendo preferentemente a deuda hizo insostenible la compañía a medida que los márgenes descendieron. Sobre todo cuando algunas de sus unidades de negocio mostraron números rojos incluso en los mejores años del boom inmobiliario. Comprenden los autores del informe que «no resulta sencillo que una mayoría social vote en asamblea a favor del cierre de sus propias unidades y de su propio despido o reubicación en otra cooperativa, pese a que el futuro de toda la cooperativa pueda estar en juego». Por ello, añaden, «en aras de la ‘paz social’ sucesivas direcciones de Fagor evitaron el cierre de plantas deficitarias y retrasaron otras medidas de ajuste».

Hay otra causa destacada del default de Fagor que afecta directamente a los cooperativistas: Entre 1996 y 2003 la plantilla se rejuveneció incorporando a cerca de 1.000 nuevos trabajadores, todos hijos de socios, que no tenían la formación profesional mínima requerida. Cuentan los redactores del estudio que en esos años se duplicaron las tasas de absentismo laboral, con más procesos de baja en el colectivo de socios más joven (entre 18 y 35 años). «La dificultad de transmitir la cultura cooperativa a las nuevas generaciones, pudo generar una cultura organizativa centrada en valorar más los derechos individuales que las responsabilidades», dicen…