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Ordenan al MNAC devolver los murales del monasterio de Villanueva de Sijena

Murales de Sijena

Imagen de los murales de Sijena de la Asociación Sancho Ramírez

Requieren también al Gobierno de Aragón para que informe sobre las condiciones estructurales y climáticas de la Sala Capitular del Monasterio de Villanueva de Sijena, lugar destinado a albergar las pinturas en litigio

La magistrada del juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 2 de Huesca ha ordenado este mañana al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) que entregue las pinturas de la Sala Capitular del Monasterio de Villanueva de Sijena (Huesca) que actualmente se exhiben en dicho museo.

En lo que es la ejecución provisional de la sentencia dictada el pasado 4 de julio, la magistrada insta al museo catalan que en el plazo de veinte días comunique al juzgado cómo procederá a desmontar las pinturas que se hayan expuestas en el MNAC, en qué condiciones se procederá al traslado de las pinturas murales desde las dependencias del MNAC hasta la Sala Capitular, y que determine qué técnicos intervendrán en dichas actuaciones.

En el mismo auto, requiere también al Gobierno de Aragón para que en el plazo de diez días informe al Juzgado de las condiciones estructurales y climáticas de la Sala Capitular.

Esta resolución se produce tras la petición de la Comunidad Autónoma de Aragón de ejecutar la sentencia dictada por la misma jueza el pasado mes de julio.

En aquella sentencia de más de 100 folios y fundamentada con más de veinte razonamientos jurídicos, la magistrada estimó la demanda presentada por el Gobierno de Aragón contra el Museo Nacional de Arte de Cataluña por la posesión ilegítima de unas pinturas que la Orden de San Juan de Jerusalén cedió a la Generalitat para su exhibición. En aquella su resolución, la magistrada reitera en numerosas ocasiones la falta de legitimidad de la posesión por parte del MNAC.

Menciona que el 17 de febrero de 1951, y tras las reiteradas peticiones realizadas por el Presidente de la Diputación Provincial de Huesca, nuevamente (en enero de 1951) solicita a la Dirección General de Bellas Artes que le autorice al arrancado de las pinturas que habían quedado en el Monasterio, así como a continuar con la limpieza y restauración de las que fueron arrancadas durante la Guerra Civil y que se encontraban en el Museo de Barcelona. Dicha petición fue aceptada por la Dirección General de Bellas Artes si bien no se procedió al arrancado de las pinturas que quedaban en la Sala Capitular ni al traslado de aquellas que habían sido arrancadas en 1936 a Huesca.

En 1961 la Dirección General de Bellas Artes autorizó al Museo de Arte de Cataluña para que proceda al arrancado de las pinturas que quedaban (ocultas bajo los encalados o tabiques del Monasterio y que todavía se conservaban), sin intervención de la propiedad, y siendo trasladadas a Barcelona junto con las pinturas que ya habían sido arrancadas en 1936, y siendo exhibidas, hasta el día de hoy, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, tal como aparece en su página web.

El acuerdo de la Dirección General de Bellas Artes disponía expresamente que todas las pinturas fueran trasladadas a un museo de Huesca o de Zaragoza y que «todas ellas (refiriéndose a las pinturas) quedarán bajo la custodia de la Diputación Provincial oscense hasta el momento en que restaurado el Monasterio se trasladen al mismo para su conservación y decorado de la Iglesia y la Sala Capitular».

No obstante, las pinturas que son arrancadas en 1961 se llevan a Barcelona, y junto con las arrancadas en 1936, se exhiben en la Exposición de Arte Románico que se celebró en Barcelona ese mismo año. Tras la exposición, todas las pinturas ingresan de nuevo en el Museo de Arte de Cataluña a pesar de que la Dirección General de Bellas Artes había dispuesto que fueran devueltas a un Museo de Huesca o Zaragoza.

En todo este devenir de acontecimientos, señala la magistrada que «no consta consentimiento expreso de la Comunidad religiosa propietaria de las pinturas, ni para el arrancado, ni para el traslado de las pinturas a Barcelona, ni su ingreso en el MNAC». Por ello entiende que lo ocurrido es un situación de hecho «carente de soporte jurídico, por lo que la tenencia de las pinturas se entendería, en función de la mera tolerancia de la propiedad, como detentación sin título y en precario, que no permitiría la retención del bien cualquiera que fuera el transcurso del plazo producido ni permitiría la adquisición de la propiedad por el ejercicio continuado de la posesión, pudiendo, por tanto, ser reclamado por la propiedad en cualquier momento».

Sobre un «pretendido contrato de cesión indefinida» firmado el 17 de diciembre de 1992 entre la Generalitat de Cataluña y la madre federal de la Orden de San Juan de Jerusalén y priora del Monasterio de Valldoreix, concluye la jueza que «no ha quedado acreditada la existencia real de dicho contrato (…) Lo más sorprendente -continua- es que un contrato que supuestamente se celebró el día 17 de diciembre de 1992 salga a la luz a propósito de este procedimiento y ninguna noticia se haya tenido sobre el mismo hasta ahora cuando es así que la Comunidad Autónoma de Aragón requirió extrajudicialmente al MNAC la devolución de las pinturas en septiembre de 2013 y el MNAC no mostró ningún documento».

«Por otro lado -continúa la jueza- llaman la atención dos circunstancias: una, que la comunidad religiosa propietaria de las pinturas desconozca la existencia de dicho contrato, y dos, que la comunidad religiosa no haya realizado gestión alguna para donar las pinturas murales a la Generalitat tal como se compromete en el citado contrato y que la Generalitat no haya instado el cumplimiento de lo pactado. (…) y además de no haberse acreditado la existencia real del contrato -concluye-, se dan una serie de circunstancias que conllevarían que el mismo no pudiera desplegar efectos jurídicos caso de que sí hubiera quedado acreditado que se celebró».

Para la magistrada ha quedado «más que acreditado que nunca ha poseído las pinturas a título de dueño puesto que nunca ha tenido intención de hacer las pinturas suyas. Basta con examinar la página web del MNAC para ver que en relación con las pinturas murales que se reclaman, el MNAC refiere que ingresaron por depósito de la Comunidad de religiosas del Monasterio de Sijena, reconociendo siempre que las legítimas propietarias de las pinturas eran las religiosas».

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