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El Teatro Real florece en abril con nueve funciones de ‘Gloriana’

Gloriana

La obra no tuvo un buen comienzo pero…

Entre los días 12 y 24 de abril se ofrecerá una nueva producción del Teatro Real en coproducción con la English National Opera y la Vlaamse Opera (Ópera Flamenca) de Amberes

Gloriana llegará por primera vez a Madrid bajo la batuta del director musical del Teatro Real, Ivor Bolton -cuya lectura de Billy Budd el pasado año fue unánimemente aplaudida- y con dirección de escena de David McVicar, muy fiel a la dramaturgia de la ópera.

Este prestigioso director escocés volverá a demostrar su meticuloso y hondo trabajo actoral, que ya hemos podido ver en 2010, también con un título de Britten -una intimista e inquietante versión de Otra vuelta de tuerca– y posteriormente en La traviata y Rigoletto, ambas de 2015.

Benjamin Britten (1913-1976) compuso Gloriana para celebrar la coronación de la reina Isabel II, que ha cumplido recientemente 65 años de reinado. El solemne y pomposo estreno de la ópera en el Covent Garden de Londres el 8 de junio de 1953, con la presencia de los más altos dignatarios del Reino Unido y de la realeza europea, resultó un estrepitoso fracaso, ya que la ópera retrata con crudeza un episodio poco digno de la atribulada vida de la reina Isabel I (1533-1603), que se debate entre sentimientos y pasiones “demasiado humanos”, sin el aura heroica que esperaba el público selecto congregado para la ocasión.

Ver a la mítica ‘reina virgen” renacentista, ya en edad avanzada y en el apogeo de su  reinado -en el que florecieron William Shakespeare, Francis Bacon o Christopher Marlowe- enamorada del joven (y casado) conde de Essex y actuando con ira y despecho, o despojada de su peluca en la intimidad de sus aposentos, supuso tal desconcierto para los asistentes, que la crítica castigó a Britten sin compasión, confundiendo el valor intrínseco de la partitura con la inadecuación de su tema a las circunstancias festivas del acontecimiento.

Después de un largo letargo y ya alejada del contexto social de entonces, Gloriana fue poco a poco imponiéndose en la programación de los teatros, por la calidad musical y dramatúrgica de la ópera, que alterna momentos de magnificencia operística casi verdianos con escenas de intimismo, una orquestación refinada llena de evocaciones de la música renacentista -sobre todo de Purcell-, y personajes herederos del teatro shakesperiano.

Son precisamente dos británicos conocedores de la rica tradición teatral inglesa y de la obra de Britten los encargados de dirigir la producción que se estrenará en el Teatro Real. David McVicar sitúa a la Reina en el centro de un mundo palaciego corrompido e hipócrita, que ella controla con mano de hierro, en la misma medida en que es atentamente vigilada por súbditos y cortesanos, en una Europa inmersa en luchas religiosas y territoriales.

Isabel I se mueve en una escenografía depurada y conceptual de Robert Jones, que enfatiza el trabajo actoral de los intérpretes. El rico vestuario isabelino concebido por Brigitte Reiffenstuel, inspirado en pinturas de la National Gallery de Londres, asume un carácter casi escenográfico.

La ópera reflejará así, en la escena, la ósmosis que traspasa también la música de Britten, escrita en el siglo XX pero impregnada de olores y colores renacentistas.

Ivor Bolton estará al frente de un doble elenco encabezado por las sopranos Anna Caterina Antonacci y Alexandra Deshorties, que estarán secundadas por un reparto muy coral -Leonardo Capalbo y David Butt Philip (Robert Devereux, conde de Essex), Paula Murrihy y Hanna Hipp (Frances, condesa de Essex), Duncan Rock y Gabriel Bermúdez (Charles Blount, Lord Mountjoy), Sophie Bevan y Maria Miró (Penelope, Lady Rich, hermana del conde de Essex), Leigh Melrose y Charles Rice (Sir Robert Cecil, secretario del Consejo), David Soar y David Steffens (Sir Walter Raleigh, capitán de guardia)- y acompañadas por el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y los Pequeños Cantores de la JORCAM.

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