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Miles de personas cruzan Cataluña de norte a sur

Via Catalana

Parte de la Via Catalana (libertatcat)

Miles de personas formaron ayer una cadena humana que atravesó Cataluña de norte a sur para reivindicar la independencia.

La Generalitat cifra la participación en 1,6 millones de personas a lo largo de los 400 kilómetros de recorrido, mientras que la Asamblea Nacional Catalana (ANC), organizadora de la iniciativa, habla de «cientos de miles», cuando los inscritos oficialmente fueron 400.000.

Bajo el eslogan Vía Catalana hacia la Independencia, la cadena pasó por sitios emblemáticos de Barcelona, como la Sagrada Familia, el Camp Nou, la Plaza de Sant Jaume y la Plaza de Cataluña.

Al finalizar la cadena, la presidenta de la ANC, Carme Forcadell, calificó la iniciativa de «éxito sin precedentes» y exigió a Mas que convoque en 2014 una consulta para no demorar más la independencia. Por su parte, el conseller de Presidencia y portavoz del Govern, Francesc Homs, afirmó que el Gobierno no puede seguir «de brazos cruzados» ante esta «masiva» movilización.

Antes de este multitudinario acto, tras el acto oficial de la Diada, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, advirtió que reiterará el mensaje al Estado de la voluntad de una consulta de autodeterminación, y advirtió de que el Gobierno central tendrá un «problema grave de relación con Cataluña» si no le da una salida para canalizar esta reivindicación.

Mas no participó en la Vía Catalana pero sí lo hicieron diez de los doce consejeros del Govern, entre ellos la vicepresidenta, Joana Ortega. También participaron los ex presidentes de la Generalitat Jordi Pujol y Pasqual Maragall. Entre las ausencias, el expresidente José Montilla, el líder del PSC, Pere Navarro, el de UDC, Josep Antoni Duran Lleida, y el coordinador de ICV, Joan Herrera.

Tampoco estuvieron en este acto la presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, ni el líder de Ciutadans, Albert Rivera. El PPC celebró su propio acto en la Plaza del Rey, donde Sánchez-Camacho denunció la «tergiversación nacionalista» de la Guerra de Sucesión y culpó a Mas de distinguir entre «catalanes de primera y segunda». Sánchez-Camacho advirtió de que el PP no dejará que nadie «rompa Cataluña». Por su parte, el presidente de Ciutadans, Albert Rivera, denunció que la Diada esté «secuestrada» por el «separatismo» y dijo que su sueño es celebrar un 11 de septiembre «de todos».

Por su parte, el primer secretario del PSC, Pere Navarro, hizo un llamamiento al diálogo entre la Generalitat y el Estado y al mismo tiempo pidió al Gobierno catalán que dé prioridad a la agenda social.

Desde el Gobierno, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, destacó a los ausentes en la cadena. «Una mayoría silenciosa de catalanes no se ha manifestado en la cadena humana», dijo Fernández, quien calificó la jornada como «un día importante para Cataluña en el que muchos catalanes, en el marco de la ley, han decidido manifestarse a favor de unos objetivos, mientras que «una mayoría silenciosa», en uso de su legítimo derecho, no ha querido manifestarse».

Y Alfredo Pérez Rubalcaba recordó que el PSOE propone una reforma «medida, limitada» de la Constitución, no «abrirla en canal». Rubalcaba cree que entre Cataluña y el resto de España «las cosas van regular, por no decir mal» y que para resolverlo la única forma posible es el diálogo.

Como nota negativa de la jornada, un grupo de ultraderecha irrumpió ayer violentamente en el acto que la delegación de la Generalitat en Madrid organizaba en su sede con motivo de la Diada. Al grito de Cataluña es España, entraron en la sala de actos del Centro Cultural Blanquerna golpeando a alguno de los asistentes, entre ellos el diputado de CiU Josep Sánchez Llibre. Antes de salir a la calle, los asaltantes arrojaron gases irritantes y rompieron las lunas del local. Cinco personas tuvieron que ser atendidas de heridas leves.

Por otro lado, tres encapuchados quemaron en Barcelona un retrato del Rey y banderas española, francesa y de la UE.

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